Hay algo de arte en lo real y viceversa

May 26, 2025 | Artes, Cultura, La Galería

Sebastião Salgado, uno de los fotógrafos socio-documentales más importantes del último siglo, brasileño, que documentó la Amazonía, que capturó el movimiento minero en Bolivia, que fue hasta África y mostró desde la explotación y el hambre hasta el genocidio, ha fallecido el pasado 23 de mayo a sus 81 años. La partida de Salgado trae a la mesa una discusión filosófica acerca del oficio mismo de la fotografía documental. ¿Qué entra y qué no dentro de este género fotográfico? ¿Es tan sencillo capturar la realidad, o siquiera definirla?

Toda fotografía es, de algún modo, una pieza documental, pues fue tomada dentro de la realidad que habitamos y queda como un archivo y documento de esta. Sin embargo, entender a la fotografía documental como género tiene que ver mucho más con la intencionalidad y objeto a capturar. Salgado dijo una vez que el fotógrafo tenía que “meterse a fondo en sociología, antropología, economía, política y geopolítica para entender el marco en el que trabaja. (…) formarse una idea de la sociedad en general y del planeta en el que vivimos”, y es que la fotografía documental se puede entender desde la intencionalidad de mostrar a la esfera pública una realidad social, hacer crítica y denuncia.

¿Y cómo debe trabajar con la realidad un fotógrafo documental? Se dice que el fotógrafo documental es aquel que captura la realidad sin manipularla, sin alterarla, pero ¿es posible no alterar la realidad al fotografiar? Existe una subjetividad inevitable en la perspectiva, y el simple hecho de escoger un ángulo y un encuadre específico a partir de nuestro ojo ya ejerce un tipo de manipulación. “Una fotografía no es lo que hay. Es lo que el fotógrafo nos da a ver. La mirada de quien ha disparado el obturador ha construido una imagen a través de la selección, el encuadre, la luz… La mirada crea la escena y no al revés”, (Parreño, 2005). Por eso, dentro de este análisis se le da énfasis al fondo, al contenido de la imagen, y podemos entender el no manipular la realidad como no capturar la escena de manera diferente al discurso percibido. Si la escena es incómoda, capturar la incomodidad; si la escena es indignante, capturar la indignación, capturar lo que se descubre, aun (y sobre todo) si va en contra del discurso oficial.

Sin embargo, centrar las principales características de la fotografía documental en el contenido no significa de ninguna manera descuidar la forma o el estilo, como antes se creía de este género. La obra de Salgado es una muestra enorme de cómo la fotografía documental puede usar recursos artísticos y así hasta hacer que el mensaje de la fotografía sea incluso más potente. En su exposición y posterior libro “Amazônia”, capturó durante siete años la profundidad de la selva amazónica, combinando fotografías de paisajes, retratos en el entorno natural y en estudio, distintos esquemas de composición y juegos con sombras y texturas en blanco y negro, de modo que el espectador perciba diversidad humana y natural, el misticismo y la inmensidad incomprensible de aquel monstruoso y vital ecosistema. Un asombro que lleve a reflexionar sobre la necesidad de protegerlo.

Más allá de la precisión estilística y recursiva, Sebastião Salgado era de quienes creían en un arte con sentido. “Un fotógrafo tiene el privilegio de estar donde pasan las cosas. En una exposición como ésta, la gente me dice que soy un artista y les digo que no, soy un fotógrafo y es un gran privilegio serlo. He sido un emisario de la sociedad de la que formo parte”, dijo en una entrevista para AFP. Pero resulta imposible no reconocerlo como artista, no reconocer su legado como aporte para el mundo cultural, ambiental, sociológico y político a la vez, y no reconocer que gracias a él entendemos que nuestra realidad está, sin querer e intencionalmente, profundamente atravesada por el arte.

Alejandra Almaraz
26 de mayo de 2025

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