Insurgentes: La lucha como permanencia

Jun 25, 2025 | Cine, Cultura, La Galería

Viendo el contexto actual del país, no podemos evitar pensar que el conflicto reside en nuestro destino. Bolivia parece estar siempre al borde del abismo, como si el caos estuviera tejido en nuestra tierra fértil. Excepcional y caótica, nuestra patria, tiene una identidad marcada por la rebelión; una rebelión que no solo busca levantarse contra una injusticia concreta, sino defender una memoria, una cosmovisión, un territorio y una libertad.

La insurgencia no es un acto aislado en nuestro país, es más bien la raíz de una voluntad colectiva de no desaparecer. Es así que Jorge Sanjinés, con su película Insurgentes, estrenada en 2012, nos da un recorrido histórico por eventos cruciales de la historia de nuestro país que han dejado una huella indeleble que sigue formando parte de nuestro camino. En esta obra se contemplan estos aspectos que someten nuestra vida cotidiana y nos lleva por diferentes temas que nos tocan de una manera única, no solo como bolivianos, sino como seres humanos.

El director tiene una afinidad por hacer películas sociopolíticas donde muchas veces se ve la intención de reflejar la subversión indígena como respuesta a un medio opresor. Es así que este film se acopla perfecto al estilo del cineasta, Sanjinés. Vemos que no hay un orden cronológico en los acontecimientos de la obra, sino que todo el vaivén temporal nos va marcando el paso hasta llevarnos al evento culminante de la película, la elección del ex presidente Evo Morales como primer presidente indígena.

Pasando por eventos como el desmembramiento de Tupac Katari y Bartolina Sisa hasta acontecimientos de distribución de tierras como la reforma agraria, la propuesta de Sanjinés destaca la resiliencia boliviana, encontrando retratada la lucha de clases que acá toma diferentes formas de acuerdo al periodo histórico de nuestro país. Vemos aquí cómo la violencia se normaliza en la vida de aquellos que buscan refugio en la subversión constante contra una injusticia clandestina y sometedora. Nos permite cuestionarnos problemáticas profundas, abordando temas complejos como el rol de la educación en un país subdesarrollado , la organización política y la justicia comunal; dejando de qué hablar y sobre qué reflexionar.

Las historias las narra Sanjinés con su propia voz, permitiéndose formar parte de la realidad de estas personas cuyas sombras se hacen presente en nuestro sol. Es esta misma narración la que nos conmueve y nos convoca, no solo como narradores, sino como una extensión del mismo dilema, del mismo ímpetu, del mismo destino. Los relatos que forman parte de esta película vienen acompañados de una fotografía acertada, con personajes retratados de acuerdo a la época y sin dejar de lado los paisajes imponentes de nuestro país, desde un altiplano llano y quieto hasta la aldea precolombina donde perdió la vida Tupac Katari, la sincronía visual y auditiva dan lugar a una obra que se puede apreciar en su totalidad.

Entiendo a esta película como un pequeño encuentro con nuestra memoria como nación, nos enredamos con nuestra propia historia y nos quedamos desnudos de creencias para reconocernos como una sola lucha, sentimos el peso de la solidaridad colectiva que nos convoca a resistir, todo por nuestro deseo inherente a libertad. Como decía Juan Rulfo, “Nos salvamos juntos o nos hundimos separados”.

Insurgentes fue financiada por la Fundación Grupo Ukamau, una gran impulsora del cine boliviano, cuyo nombre se traduce del aimara como “así somos” y que da un reflejo al propósito del grupo que busca incentivar el cine comprometido socialmente y del cual es fundador el director de la película. Se la puede alquilar a través de la página del grupo de dicho nombre con un costo mínimo que va directo a apoyar a la fundación. En tiempos donde el arte parece pasar a segundo plano, no podemos dejar de apoyar e incentivar el arte nacional y hacer de este un instrumento que nos enriquezca como nación y como humanos.

Olivia Fischer
25 de junio de 2025

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