
Compilado por: Alba Durán
Portada por: Christopher Wilstermann
Cuidado con la noche que es mía
No quedaba nadie más en el cuartel. Eran solo Nicolás y su general. Ambos temblaban de frío, les había caído encima el cielo de lluvia tropical, los había atravesado el viento cortante de la madrugada oscura. Tenían una candela encendida sobre la mesa de madera. El resto estaba sin luz. Sus sombras bailaban en la superficie al ritmo del único y diminuto fuego que tenían. Intentaban hablar, pero entre el miedo y el temblor de sus mandíbulas, las palabras no lograban salir. Hasta que Nicolás logró decir –Mi general, ¿usted vio? Convirtieron al comandante en un cocodrilo.–
Julián Zamora Mora, Costa Rica.
La eterna búsqueda
Se encontró con un gran muro pintado de blanco, tras haber corrido por décadas como un animal asustado. Ahí se recostó. Pensó que por fin podía apoyarse en algo.
Ana Cecilia Wadsworth, Perú.
La memoria de un pingüino
Nunca olvidaba los pasos simples para caminar: una pata después de la otra. Uno, dos; uno, dos. Derecha, izquierda; derecha, izquierda. Y así, mientras avanzaba sobre el hielo, intentaba recordar también los pasos simples para volar.
C. W. Bolivia.
Febrero, 1992
A los niños nos tocan las carpas. La casa es para los adultos. Formamos una cuadrilla de soldados y armamos tres canadienses, tres montañas de base naranja y pico verde militar se yerguen sobre la pinocha. Después de la cena, una serpiente de alargues sale a través de la ventana de la cocina, repta sobre el pasto y alimenta un televisor de 20 pulgadas, cíclope brillante en medio de la noche sin luna. Los espectadores nos acomodamos en sillas de plástico y la videocasetera proyecta Baruk. Cada tanto, el relincho de un caballo se cuela en la historia iraní.
Cecilia Serpa, Argentina.
Fuera del tiempo
Entró a la relojería creyendo que alguien podría darle la hora exacta.
Nunca en su vida había estado tan equivocado.
Alejandro Magaña Aviña, México.
Sonidos
Dentro de la mágica cueva todo tiene su espacio y tiempo. Tres animales rugen invocando sonidos, solamente sus amos controlan su sed de sangre, el humo abraza las piedras y comienza el ritual.
Juan Carlos Pérez Calderón, Bolivia.
Tachado
Una línea con velocidad inexacta esquivó mis dedos. El papel terminó arrugado…
Macjob Parabavis, Venezuela.
Marzo, 1989
Mi abuela atraviesa el patio cargando una bolsa. Va hacia el lavadero. Llena una palangana. Ahoga uno a uno a los siete gatos que acaban de nacer.
Cecilia Serpa, Argentina.
Amigo muerto
Sonaba sin parar la puerta y parecía una mujer que lloraba a lo lejos y el viento te trajo en pelusas y colores de fotografías; viste cómo corrían tus caballos en la tristeza blanca y en los moretones del cielo. Te diste cuenta: habías perdido. Y nos hablaste como a extraños y te fuiste como una tormenta perfumada; el hombre del sombrero, el ratoncito suicidado.
Afra Cagnoto, Argentina.
Sin título
En la profunda oscuridad de un cuarto sin muebles, sin ventanas; batalla, acaso ya inútilmente, un tímido gusano que se rehúsa a morir.
Leonardo Garay Ortiz, Colombia.
Los textos fueron escogidos de una convocatoria pública realizada en el mes de diciembre, los textos destacados fueron incluidos en esta compilación.









