II. Alimaña roja
Blatella capaxa periplanetae

Las cucarachas son, por excelencia, el insecto emblemático del asfalto y demás biomas cuyo rasgo característico es la contaminación. Capaz y no es un disparate sugerir la posibilidad de que tales vengan siendo, de entre la no pequeña amalgama de invertebrados exoesqueléticos terrestres, las candidatas idóneas para ostentar el título de: insecto urbano superlativo. Insecto entre los insectos. Soberana indiscutible de todo cuanto repta y se arrastra sobre los suelos… sobre la mugre.
Mejor conocidas entre el común, e infamemente etiquetadas a voz y jerga popular como “alimañas”, no hay rincón alguno en asentamiento humano a escala global hasta donde estos extraordinarios animales no hayan llegado a hacer cama hasta ser enjambre. No existe ninguna diferencia entre decir cucaracha y decir superviviente.
Pasarán los siglos y las guerras, sí, y todas las vidas grandes y pequeñas ocultas en el planeta se extinguirán, y se acabará el oxígeno en el aire y luego el aire mismo se agotará, y desaparecerán los ríos, las lagunas y los mares; y aún así pueden apostar con absoluta seguridad a que fijo, y sépanlo o júrenlo porque va a ser así, que cuando llegue la hora y esta colosal aunque diminuta roca flotando en el vacío infinito degenere hasta no ser más que la silenciosa carcasa envuelta en fuego del paraíso que alguna vez fue, las cucarachas van a seguir aquí y por montones, canibalizándose unas a otras e inoculando fértiles e inmortales huevecillos carmesí entre el carbón y las cenizas. Sí, no otro sino ese será el futuro. Está escrito y lo escrito, escrito se queda.
Se ha calculado que en los tiempos que corren, por cada ser humano habrán en el mundo por lo menos mil doscientas alimañas1, y esto puesto, no en términos del Suborden dictyoptera en general, sino contando exclusivamente a las Blatella periplanetae las cuales, de manera inevitable, sobresalen en comparación de sus demás primas a fuerza y causa de sus singulares hábitos y, en menor medida, a partir de una que otra característica física.
Mientras que la mayoría de cucarachas son herbívoras-carroñeras y habitan en los bosques y otras zonas silvestres de abundante vegetación, devorando troncos podridos y montañas enteras de hojarasca en descomposición, las alimañas rojas han optado por la física basura. Son omnívoras empedernidas y no discriminan alimento, tenga o no tenga pulso, provenga de donde provenga, o se encuentre como se encuentre; si es de origen orgánico, es comida (y ni tan así puesto que, al menos en territorio latinoamericano y es de suponerse que en muchas más locaciones, se reúnen testimonios de estas hexápodas consumiendo bolsas de plástico, mordisqueando muros sólidos de piedra y bebiendo pintura acrílica y aceite de motor mineral). No hay ente que se les acerque ni por asomo en lo que refiere pues a su inverosímil aguante metabólico e inagotable abanico digestivo. Aparte son, en sentido extremo, voraces. Hay leyendas que las figuran en masa comiendo gente viva hasta no dejar ni la ropa, los cabellos, ni las uñas, ni los huesos.2 Nada, ni los desechos fisiológicos sin excretar que aún contenían dentro de sus tripas. Nada… ni los sueños y añoranzas.
Prefieren morar en la oscuridad, envueltas en una atmósfera húmeda, aunque por lo que se ha podido estudiar no guardan preferencia por una temperatura específica, les da igual que a su alrededor haga frío, esté templado o haya calor; en suma de estos factores los alcantarillados y cloacas de las ciudades son su lugar favorito para frecuentar.
Su vínculo natural más estrecho lo comparten con las plagas (ratas), y se trata del típico caso de simbiosis el cual se inclina hacia el comensalismo de beneficio unilateral: los insectos sacan provecho de la presencia de los roedores a modo de protección involuntaria; los roedores no obtienen nada. Nadie obtiene nada de las cucarachas, sino las cucarachas. Por eso, salvo por las plagas que sencillamente las toleran, nadie valora a estos animales.
Antagonista del mundo entero, sin amigos y, en varios casos, enemigas de cuanto exhala vaho al cosmos. Es por tal motivo que se mueven a hurtadillas y optan por la discreción. Es por eso que llevan acá eras, y eras y más eras. Y más eras durarán.
Finalmente, cuatro detalles somáticos podemos enumerar que hacen de las alimañas rojas las cucarachas (y esto choca de modo paradójico con su naturaleza cautelosa y fantasmal) seres de imprudente vistosidad:
- El indisimulable tono colorado de sus exteriores, brillante y uniforme en el caso de las hembras, y en patrón de franjas horizontales alternadas con delgadísimas líneas negras en el tórax de los machos (los cuales son de manera considerable más pequeños, cosa que denota, entre tanto, que esta es una especie con marcado dimorfi smo sexual).
- Sus antenas las cuales, en las hembras, las doblan en tamaño una vez alcanzan la edad adulta, y en el caso de perderlas por cualquier motivo, siempre vuelven a crecer, con mayor grosor, quepa señalar.
- Poseen en los dos primeros pares de patas, las anteriores y las de en medio, una hilera de zarpas oscuras que utilizan tanto para mejorar su agarre al avanzar sobre superfi cies verticales, como para la depredación que no dudan en practicar.
- Y, lo que más llama la atención dado que en todas las otras especies de cucarachas la evolución ha atrofi ado este rasgo hasta la inutilización: dos pares de alas exclusivas del género femenino, uno que sirve de cobertura y protección para el segundo, cuya envergadura dobla el tamaño de sus portadoras (al igual que sucede con las antenas) y que sí son plenamente funcionales para volar.












