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Bestiario suburbano latinoamericano contemporáneo IV

May 6, 2026

IV. China del trópico-Trepacandela

Hemidactylus pigmeus ignis

Los reptiles no ocupan un espacio tan marcado dentro del ideario colectivo de la zoología suburbana tradicional como sí sucede en comparación con otras Clases del reino animalia, como mamíferos, aves e insectos, por ejemplo. No obstante, los geckos demuestran que entre nosotros también rondan fieras de sangre fría, trepando muros al interior de las casas y edificios, y aventurando con su temerario reptar el exterior de tales y de rascacielos tan altos que desafían las fronteras impuestas otrora por Babel1.

Desde siempre han estado ahí, a espaldas y sobre la coronilla de los hombres, alimentándose de los enjambres que plagan y circundan el civilizado rastro de su progreso histórico -desde aquel nómada antaño, hasta el sedentario ahora-; jamás parasitarias, comensalistas si se lo piensa con detenimiento, y eso sí: permanentes así como milenarias defensoras indirectas de quienes es poco probable, llegado el caso, hagan lo mismo por ellas en una hipotética situación a la inversa. Aún así, no hay motivos para suponer que esta asimétrica relación vaya a acabar pronto: A los hombres los persigue la insanidad, a la insanidad multitudes de bichos, y de bichos se alimentan los geckos. No hace falta ser un genio para aseverar un pronóstico.

En el punto continental latinoamericano donde el centro y el sur hacen contacto, es decir, entre las naciones de Panamá y Colombia, a todas estas lagartijas ingrávidas se les conoce con el sobrenombre de “chinas”; con base en esto y como ambos países son en buena medida selváticos, se han terminado por popularizar los vocablos “chinas del trópico” cuando se trae a estas a colación o se las hace materia de conversación en la Latinoamérica ecuatorial hispanoparlante. Otros alias menos mencionados son: salamanquesas, salamanquejas, tuteques, muradoras, diabletas y chicuacas [espero el lector sepa entender y excusar si he omitido alguna otra expresión nominal relevante]. No obstante, todos los nombres aquí mencionados hacen referencia al conjunto general de estos reptiles, y ninguno a tal o cual especie en particular; empero, de una especie en particular tengo el ánimo de comentar hoy: Las famosas Trepacandelas, Hemidactylus pigmeus ignis, mal llamadas “iguanetas de fuego”.

Esta casualmente cuasi-prima recientemente santanderes descubierta colombianos de la en los Gonatodes chucuri2, es una china que en el imaginario latino se ha ligado con cuestiones místicas e inclinaciones elementales. A la par de la descripción taxonómica por venir, realizaremos un repaso de los atributos cuasi-mitológicos que se han otorgado a las trepacandelas los cuales, creanlo o no, siguen una lógica que remite a épocas medievales en el antiguo continente.

Las chinas del trópico estan recubiertas por una sola clase de escamas, siendo estas del tipo liso. Son ovovivíparas, colocan de tres a seis huevos por desove y su coloración varía de café oscuro cuando son crías a amarillo blanquecino siendo ya adultas. Mudan de piel cada dos ciclos lunares comenzando a contar desde cuarto creciente. Es mientras están en periodo de muda que se ha generado la creencia de que, así sea frente al más leve tacto, tocar a una de estas repercute de modo inevitable en un verdadero quemonaso cuyo rastro va desde el enrojecimiento hasta el ampollamiento de la zona afectada. Esto les ha ganado la parte de “candela” en su nombre y de seguro ha de guardar relación con el hecho de que hasta el sol de hoy se las reconozca bajo un par de sus motes: salamanquesas y salamanquejas3.

Son exclusivamente insectívoras, en la cúspide de su madurez se han registrado la existencia de ejemplares que han alcanzado los 16 cm de longitud desde la punta del hocico a la punta de la cola. Como todos los geckos al hallarse en situaciones de peligro pueden desprender este último apéndice mencionado como mecanismo de distracción ante el depredador para así emprender la huida. De igual forma, como todos los geckos, están desprovistas de párpados, por lo cual para hidratar sus globos oculares dependen de lamerlos con sus lenguas constantemente. Sus pupilas son del tipo vertical con cuentas, caso poco frecuente entre los lagartos. No se han evidenciado signos visibles de dimorfismo sexual en esta especie, y se tiene conocimiento de que son criaturas longevas para sus pequeñas dimensiones, llegando a vivir hasta cuarenta años en estado natural los más resistentes.

Son cazadoras nocturnas, y si bien son acompañantes del género humano, como todo ser vivo prudente no confían en la humanidad y prefieren tratar con esta de lejos. No hay superficie de la que no puedan sostenerse y tienen predilección por permanecer colgadas de cabeza. Quizás así el mundo les hace mayor sentido, todo depende de qué tanto pueda considerarse real la propuesta perspectivista, y qué tanto demos por cierta la locura vigente de nuestra cotidianidad urbana.

  1. Génesis 11:1-9, Reina-Valera 1960. ↩︎
  2. Revista científica Zootaxa, (2020). ↩︎
  3. En época de la Europa medieval, se tenía la creencia de que los anfibios (que entonces pasaban por reptiles), más bien las salamandras para ser precisos, eran crías de dragones y estaban estrechamente vinculadas al fuego y el magma. Es difícil dar con el momento en específico, y con el contexto lingüístico y de herencia verbal-colonial que llevó a la conclusión de lo siguiente: pero a los geckos en general acá en el nuevo continente (como mencionamos con anterioridad) terminamos por verlos como cercanos a las salamandras ¿o de dónde más podríamos explicar lo de “salamanquejas”? Lo de que si tocamos una trepacandela, esta nos va a quemar el cuero literalmente, sabrá Cristo rey sobre ello. Pero abundan los testimonios no oficiales, es más, un conocido mío, Jhon Sergio Esteban Castrillon León, cada que bebemos termina mostrando una cicatriz en su espalda con forma de lagartija, relatando vez tras vez que esta la obtuvo cuando una china le cayó encima desde el mismísimo techo de su casa. ↩︎

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Escrito por Carlos Villamizar

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