
Ya han pasado casi dos años desde el siete de octubre del 2023, pero han pasado más de 77 años desde la fecha del establecimiento del Estado de Israel. Han pasado incluso más de 77 años desde el comienzo del sufrimiento para los palestinos, desde el comienzo de la violencia, las masacres y la desposesión de sus hogares; ya va más de un siglo desde que se puso la primera piedra para la construcción de un proyecto colonial y genocida, denominado Israel.
Este proyecto es impulsado por el sionismo, una ideología supremacista que fue acuñada en el año 1896 por el húngaro Theodore Herzl. El sionismo propone que el antisemitismo solamente sería resuelto mediante la creación de un estado para los judíos del mundo, para que estos pudieran escapar la persecución que sufrían en Europa. El proyecto buscaba encontrar un hogar en alguna parte del mundo. Existían opciones, como Uganda o la Patagonia, pero usando la narrativa de esta conexión bíblica con la «tierra santa», Palestina se convertiría en el objetivo.
La historia del genocidio de los palestinos no ha ocurrido en el vacío, tiene un transfondo, tiene un pasado amplio y muchas fuerzas que han intervenido en esta. Pero se ignora este hecho, y esta es una forma más en la que la historia les ha fallado a los palestinos.
Resulta tanto trágico, como irónico, como ennervante, el hecho de que se haya elegido una región al azar, que no tenía nada que ver con el problema del antisemitismo europeo, para que pague los pecados de los europeos. Resulta curioso ver a los descendientes de los antisemitas originales, a personas europeas, ser quienes ahora denuncian a los palestinos de antisemitas simplemente por resistir a la opresión, resistir al bloqueo, resistir a décadas de violencia, deshumanización, despojo y humillación.
Hay un sinfín de cosas que uno puede decir al respecto del genocidio en Palestina, y tantas cosas que ya han sido dichas a oídos sordos. Comenzando por el hecho de que, efectivamente, este es un genocidio, y quien se rehúse a llamar a esto por su nombre y decida utilizar eufemismos como guerra o conflicto, es también cómplice.
También podemos mencionar lo más urgente, como el hecho de que la hambruna en Gaza se encuentra en fase cinco, o fase catastrófica, fase en la cual no hay marcha atrás simplemente volviendo a alimentar a esta población. Esta es una fase de hambruna que dejará secuelas para quienes la sobrevivan, y que ya ha ocasionado más de 150 muertes. Pero los medios (que por fin decidieron reportar crímenes de guerra en vez de solaparlos) usan el lenguaje mismo para seguir poniendo en duda la culpabilidad de Israel. Reportan esta hambruna como si sucediera simplemente porque sí, y no así el hecho de que un Estado está privando de comida y agua a una población de casi dos millones de personas.
Igual tenemos las últimas noticias de palestinos siendo asesinados a tiros mientras van a buscar comida, mientras buscan ayuda humanitaria. Pero eso no es algo nuevo; lo único nuevo es que ahora se lo realiza en mayor medida, y sin pudor. Antes Israel culpaba a Hamas por cada uno de estos crímenes, desde «Hamas se roba la ayuda humanitaria» hasta «Hamas bombardea hospitales». Ahora Israel actúa libremente y anuncia sus planes de ocupar Gaza, porque sabe que tiene el permiso del mundo (de los Estados, potencias globales, EEUU, EU, países árabes, corporaciones), sabe que no será detenido. Y además, Israel deja en claro que esto nunca fue por los rehenes, nunca fue por su defensa.

Siempre se trató de ocupación. Y debe quedar claro que, si uno le da apenas una pequeña mirada a la historia, siempre fue obvio de lo que esto se trataba, desde antes del 2023, desde antes del 1948, incluso. Tanto en Gaza, como en Cisjordania, como en Jerusalén Este, Israel ha sido violento y ha tenido intenciones de colonización y genocidio desde su incepción e incluso antes. Y los sionistas siempre fueron claros al respecto; un ejemplo bastante popular es el artículo en The New York Times de 1899 sobre una conferencia de sionistas, donde en el titular dice, de forma muy clara: «COLONIZARÁN PALESTINA». Simplemente fue el mundo el que miró para otro lado, por décadas.
Por dos años hemos visto diariamente atrocidades tras atrocidades, niños desmembrados, mujeres teniendo cesáreas sin anestesia, campos de refugiados bombardeados a tal punto en el que todo lo que queda de las personas son cenizas. Hemos visto a hombres torturados y a soldados israelíes saquear las casas de palestinos, sacándose fotos usando la ropa interior de las mujeres palestinas. Hemos visto videos de los mismos soldados israelíes matando por pura diversión.
Este no es un genocidio silencioso o que sucede sin que el mundo sepa, a diferencia de lo que sucede en Sudán o el Congo. Este es un genocidio televisado, todos los días. Todos los días sin falta nos han mostrado videos de hombres siendo quemados vivos, de niños cargando los restos de sus hermanos pequeños, de gatos y perros comiendo cadáveres de personas. Hemos visto, día a día, hombres, mujeres, ancianos, niños y animales ser asesinados por heridas de bala, a la cabeza o al pecho. Estamos en un mundo en el que víctimas de genocidio tienen que convertirse en influencers, no solo para poder mostrar las atrocidades, sino también para conseguir comida, para poder recolectar fondos y poder comprar un poco de harina.
Hay otras cosas que también resultan cuestionables, ni siquiera existen palabras para describirlas. Como, por ejemplo, preocuparse primero de si es que uno «suena o no suena antisemita» por denunciar un genocidio. ¿Qué tipo de prioridades son esas? Si es que hay un culpable de manchar la imagen del judaísmo, es el Estado de Israel. El mismo que en nombre de todos los judíos del mundo ha matado a decenas de miles de personas. Es verdad, el judaísmo y el sionismo no son lo mismo e incluso existen organizaciones de judíos antisionistas que por décadas se han manifestado en contra de Israel. Pero ahora mismo, la preocupación principal es el genocidio. Lo primordial es que se deje de asesinar gente y de privarles el alimento y sus necesidades básicas.
Por otro lado, llama la atención el hecho de que los medios solo nos mencionen el sufrimiento de los niños palestinos específicamente. Se entiende que se lo haga para lograr conseguir al menos un poco de compasión, pero la realidad es que todos, absolutamente todos en Gaza, merecen vivir. ¿Por qué se espera que los palestinos sean víctimas perfectas? ¿Por qué Occidente solo ve como humanos a los niños palestinos? ¿Acaso Occidente solo tiene simpatía por las personas racializadas mientras estas tengan menos de doce años?
Últimamente, se suele comparar a la Alemania nazi y al Holocausto con lo que Israel está cometiendo contra los palestinos. Pero la analogía más adecuada, a mi parecer, y de la que incluso los sionistas copiaron ciertas tácticas para colonizar Palestina, es la colonización de Norteamérica, específicamente de las regiones de Canadá y EEUU. Se copiaron las mismas tácticas de desplazamiento y exterminio, se robó la tierra de la población indígena y luego se los encerró en reservas, tal como sucede con los palestinos en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, que no tienen libertad de movimiento.

Necesitamos seguir con la protesta, con la lucha; a pesar de todo, la presión y el boicot son las armas que tenemos en el sistema en el que nos encontramos. Como consumidores, es lo único que nos queda hacer. No debemos dejar de hablar sobre Gaza, debemos seguir compartiendo, sin importar qué tan terrible sea; más gente debe ver la realidad de lo que sucede en Gaza. También es importante leer y compartir la lista de las marcas a boicotear del movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones).
Y finalmente, los bolivianos tenemos el deber de apoyar al médico palestino boliviano Refaat Alathamna, ya que el gobierno no está haciendo nada por ayudarlo a salir de Gaza con su familia por más de un año, mientras otros palestinos con doble nacionalidad han podido escapar. Tenemos que presionar mediante redes sociales a la Cancillería de Bolivia (@cancilleriabolivia en Instagram y también tiene Facebook) y a la Embajada de Bolivia en Egipto, mandando mensajes al correo electrónico Info@emboliviaeg.com para exigir que apoyen al doctor Refaat con su caso.
El mundo les ha fallado a los palestinos, les ha fallado a los sudaneses, a los haitianos, a los congoleses. El mundo está fallando a mucha gente. Y quizás tenemos la idea de que la acción de cada uno es irrelevante, porque solo queremos resultados, resultados inmediatos. Pero ya más gente siente la presión, y las figuras públicas se han estado sintiendo presionadas para hablar y salir adelante con su apoyo. No hay que rendirse; mientras tengamos la posibilidad de hablar, debemos hablar. El hecho de que nos importe la vida y nos importe el mundo es una característica que, a pesar de que cause mucho dolor, creo que sería trágico perderla; ya podemos ver al resto del mundo adormecido ante la injusticia, no podemos ser uno más de ellos.
Finalmente, espero que el amor por las personas y por el mundo que tiene cada uno —porque el hecho de que nos importen los demás también refleja el amor que llevamos dentro— no se termine solo en Gaza, sino que busquemos localmente y globalmente, a qué causas más podemos contribuir. Tanto en Sudán y el Congo, como también en nuestra propia tierra; como comunidad, la acción individual que toma cada uno, un boicot y una protesta, también tiene su impacto, aunque no se lo vea inmediatamente.
Valentina Quispe
14 de agosto del 2025