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Cariñumasti. Nosotras ya no queremos meternos en «la política»

Dic 29, 2025

Tres mujeres aymaras relatan cómo fueron desplazadas del proceso electoral pese a haber sido electas «orgánicamente». Sus testimonios exponen la fractura entre los mecanismos comunitarios de elección y las prácticas clientelares del MAS-IPSP.

Milka C. Arteaga

“Dos cholas alteñas y un Boeing 727”, autor anónimo


Los testimonios que se presentan a continuación fueron pronunciados por mujeres aymaras electas «orgánicamente» dentro de la Circunscripción uninominal 19. Las tres condensan la experiencia en «la política» que han tenido lideresas que, tras años de haber realizado cargos, se vieron desplazadas, instrumentalizadas o ignoradas.

Sus palabras revelan tanto su compromiso profundo con la comunidad como las contradicciones vividas al transitar por el sistema político partidario. Muestran cómo el entusiasmo por participar en «la política» se transformó en desconfianza, cómo los mecanismos propios de elección fueron subordinados a decisiones verticales, y cómo la representación política femenina se ve lentamente erosionada.

Es importante señalar que los habitantes de las provincias del altiplano de La Paz distinguen dos formas distintas de ejercer el poder, como lo sintetizó el Hermano Néstor Calle: «la política» y lo orgánico. El primero se percibe como «autoritario, porque viene desde arriba, hablamos del ‘dedazo’, es manipulador. Entonces es corrupto, ahí funciona el soborno». En cambio, el poder orgánico se construye con la realización de cargos desde «la Comunidad, el Ayllu, la Marka, el Suyu ordenadamente, volvemos a bajar también, así dinámico es, respetando autoridades y tal. Esa es nuestra forma de poder distribuido horizontalmente, verticalmente también».

La Circunscripción Uninominal 19, que para las elecciones de 2020 estaba compuesta por las provincias de José Manuel Pando, Ingavi y Pacajes, selecciona y elige a sus representantes conforme a sus propios «usos y costumbres», según «mecanismos de elección aymara».

Desde la asunción de Evo Morales a la presidencia, se estableció que la selección de candidaturas políticas para el MAS-IPSP debe realizarse a través de las estructuras propias de las organizaciones sociales. Los postulantes debían cumplir requisitos como ser de una organización social, militante y «suscribir compromisos de cumplimiento, lealtad, transparencia, coordinación y articulación permanente con las bases».

Los «mecanismos de elección aymara» contemporáneos entran en tensión y experimentan rupturas al intentar articularse con la lógica y estructura del sistema partidario del MAS-IPSP. Dentro de este contexto, se presentan tres testimonios. El primero corresponde a una candidata a asambleísta departamental para las elecciones de 2010. Los otros dos se sitúan en el contexto de las Elecciones Generales de octubre de 2020.

Kullaka Juyphi Uma: «Yo era candidata a Asambleísta Departamental»

Todos los que éramos militantes [del MAS] lo hemos dejado. ¿Por qué? ¡Porque «la política» es una cochinada! Yo era candidata a asambleísta departamental, elegida a nivel de los siete municipios [de la C19] para el año 2010 y mi suplente era de la Marka «C», un varón.

El día de inscribirnos allá, otra mujer ya se había inscrito; era de la [segunda sección municipal] porque su esposo era diputado. Le hicieron ingresar a ella, y desde ese día yo dejé el partido. Me decían:

—Mira, hemos llevado con el R. C., para inscribir, todo es show, pero la R. M. ya se ha inscrito.

Salimos afuera, estaba la gente y preguntamos:

—¿Qué ha pasado?

Resulta que, quien tenía que avalar era el jefe ejecutivo provincial, con luch’u verde. ¡Son otros corruptos esos!

—Aquí estamos en el acta, ¡nosotros somos! —decíamos—. ¡Tantas cajas que hemos comprado!, ¡hemos comprado hartas cajas! Y el gasto que me hice, ¿quién me lo va a devolver?

Y nos dijeron:

—Le ha avalado el jefe ejecutivo provincial a ella. ¿Sabes qué me ha dicho? —Le ha dado para su agujero [equivalente a un sueldo de diputado], y vos no has dado nada.

—¿Qué cosa? —le dije.

Desde ese día me marché y todos nos salimos. Si no saben respetar… aquí entra el que tiene plata. ¿Cómo nos vamos a rebajar a eso? Y toda esta parte es así.

Ahora, en conclusión, hemos llegado con mi esposo de que, si entra la derecha, las Bartolinas van a morir, los Tupak, los provinciales… creo que a eso nos vamos a exponer, porque esta gente es muy corrupta. Por eso los del Altiplano somos mal vistos por el gobierno. ¿A cuántos del Oriente no les habrá pasado lo que me pasó a mí? Lo que están cobrando las autoridades…

Mi esposo me ha reprendido:

—¡No quiero más que te metas en «la política»!

—Bueno —le dije—, amén, hasta ahí he llegado. ¡Tanto dinero que he gastado!

Pero así, lleno de gente hicimos congreso y todo eso. Cuando fui a inscribirme, resulta que otra pícara ya había dado equivalente a un sueldo de un diputado. A nivel provincial serían unas veinte cajas y éramos dos; el puesto estaba asegurado ahí. Íbamos a luchar… a mí me gusta hablar, ¡pero qué decepción! No se respeta lo que se dice.

Kullaka Phaxsi Wara: «Mi escuela fue el cargo»

“Programa de CORDEPAZ: Las manos de Bolivia están en tus manos”, autor anónimo

Los cargos de la comunidad se empiezan primero como Consejo Educativo. Luego Chaski, he iniciado con Consejo Educativo; después como Deporte, y eso a nivel comunidad, y también como Sullka Mallku.

Y aunque los cargos siguientes no los he hecho aquí en la provincia, he tenido cargos como Secretaria General en los Yungas, en Caranavi; también como Secretaria de Acta, e igual en Deporte. Ya tiene otra connotación; no son como aquí, como los Mallkus. Si no, no hubiera asumido allá como Secretaria General, manejando. Ya los cargos que he hecho allá son mayores.

Bueno, de eso… ya retornando aquí a la provincia, también he tenido que asumir como miembro de la Bartolina, con el cargo de Anat Qamani. Yo asumí en 2014, cuando la provincia estaba dividida. Yo no sabía, en sí, que estaba dividida, pero al retornar de allá, estuve en Pando como dos años, y cuando volví, de un día para otro, aquí habían estado buscando a las Bartolinas. Y desde la comunidad también… allá nosotros manejamos thakhi-muyu, entonces a la comunidad le había tocado.

Las hermanas no se han enfrentado en ir. Uno busca que los dos años de gestión no se pierdan; no se puede ir a perder el tiempo. Entonces, algo así. Yo siempre, después de ir a hacer cargo, ir a conocer… es como una escuela también.

Candidatear no es fácil. Cuando me postulé para diputación, primero la comunidad me eligió, con su refresquito de por medio. Luego, en la Marka, donde hay siete ayllus, cada uno te dice:

—¿El cariño?, ¿el apoyo que te hemos dado?

Aunque un paquete de refresco le das. Luego de eso, a nivel Marka sales. Cuando ya estás en la Marka, ahí ya te hablo de mi Marka, mi Marka tiene siete ayllus, entonces de los siete ayllus cada uno saca uno. Con los siete tienes que compartir vos. Entonces, para eso, siempre las autoridades como Jiliris te dicen:

—Pero por lo menos bríndate algo, saca pues un pelo…

Para esas veces yo no entendía qué es «pelo», ¿no? [ríe]

—Por lo menos pon un rojito más…

Y yo, al momento de esperar, no voy a decir no, ¿no ve? Por lo menos para que nos apoye, una cajita le das. Así uno va avanzando. Pero sin recursos, uno no sabe si ganará o no.

Cuando gané, me pidieron elegir: ¿cerveza o refresco? Puse refresco nomás. Después el Jach’a Mallku me dijo que había que «conquistar» a las otras Markas con comida o refrescos, pero ya me estaba gastando mucho y decidí abstenerme. A nivel provincia se elige entre diez Markas. Aunque uno saluda, ofrece palabras, el apoyo muchas veces se gana con cajas de cerveza.

Hoy veo a hermanas que postulan como concejalas y les piden igual: dos, cinco cajas [de cerveza] como si tuvieran plata. Algunas se controlan, otras no. A veces con unos vasos ya se marean, y si no hay autoridades que nos cuiden, pasan cosas feas. En mi Marka, una hermana fue violada. Por dignidad dejó el cargo y subió el suplente.

“El Alto, La Paz y la cordillera de Los Andes”, autor anónimo

También vemos que no siempre se respeta la alternancia. Antes eran dos años y medio por titular y suplente, ahora ya no dejan trabajar igual. Yo llegué hasta nivel provincial, pero fue otra hermana la elegida. Todo depende también del apoyo que uno consigue.

Hasta nivel provincia he llegado. De ahí ha sido elegida la hermana [actual diputada uninominal]. De las Markas sale, ¿no ve?. Entonces la hermana ha sido elegida. Ella va con los siete para pelear o para coordinar como C19, con Pacajes y José Manuel Pando. Entonces, ella se ha encaminado.

He llegado hasta ahí. Muchos hermanos también han llegado hasta ahí. Bueno, también hay… depende del apoyo también por uno.

Siendo mano derecha de la ejecutiva

Cuando era miembro provincial, el 2015–2017, ya estaba establecido que tenía que haber un congreso nacional. Y yo siempre la acompañaba, era la mano derecha de la ejecutiva, teníamos confianza. Ella no sabía convocar a un compartimiento, pero nos decía para una reunión. Bueno, nosotras hemos ido como mujeres. Entonces, la ejecutiva decía:

—Hermana, vamos, acompáñame.

O sea, que a la cabeza nomás nos estaba convocando:

—Pero, hermana, acompáñame.

—Ya, bueno, fui.

Había un almuerzo y un compartimiento. Y la ejecutiva sí o sí tenía que darle el sello. Para el sello, para eso lo ha conquistado, como un favor, el dinero. Y el ejecutivo quería hacerme… Yo, dentro de mí, pensaba: ¿Por qué me está queriendo hacer pisar el palito aquí?

Porque yo no parto de este lado. Eso era para elegir a la CSUTCB. Y había un fajo de dinero. Se lo negué:

—No, no, no quiero eso, ni en diez pesos.

Sí, hemos compartido, pero es por la amistad, todo aquello. Pero nosotros no vamos a apoyar, no vamos a obligar a la gente diciendo: «Aquí tenemos que apoyar», porque la gente conoce, sabe. Al ver eso, el ejecutivo me lo dijo a mí y también a la ejecutiva. Ella ya me había visto que lo había negado y tampoco me decepcionó. Y el ejecutivo lo dejó así:

—Nosotros no somos de eso. Nosotros somos orgánicos y no podemos mancharnos en eso.

El Congreso ya es otra cosa. Porque, aunque tiene otro sello, no ve los nueve departamentos. Nosotros, como provincia, no estamos ahí. Como Departamento de La Paz, si hubiésemos recibido, a la fuerza teníamos que hablárselo, yo creo, ¿no? Pero no sé si a los otros también ya los ha conquistado.

Pero en el Congreso Nacional, no ha ganado el congreso, sino que ha ganado otro. Sí, esas cosas pasan. Nosotros no hemos recepcionado. Si ha conquistado a los otros, obviamente ha entrado a la quiebra. Eso es una anécdota que viví hace rato.

El liderazgo orgánico

Mira, cuando decimos «orgánico»… En sí, debería ser: cargos hechos, cargos que ha tenido, entonces a través de eso se gana la experiencia. Porque cuando haces cargo de la comunidad es que vos conoces la comunidad, eso nomás. Porque cuánta gente hay, y sabes, conoces el gasto que llevas, eso.

Ahora, cuando eres así, cargo mayor, como provincial, como departamental, ya tiene otra realidad el cargo, el peso. Como «organización provincial» sabes cómo reunir, hablar con ellos, cómo coordinar para que no haya esa separación… tú tienes que saber manejar también las palabras. Entonces ya sabes cómo hacer gestión, todo eso. Entonces, con esa experiencia puedes nomás ser diputada, asambleísta, concejala. Fácil lo puedes administrar, gestionar, todo eso.

Pero a veces ahí nos equivocamos, cuando no tienen cargos altos. El liderazgo en sí, el liderazgo debía de encaminarse de esa manera [orgánica]. Yo digo, aquellas que han hecho como ejecutivas, como provincial, departamental… hoy en día vemos que no hay un liderazgo como para la diputación, asambleísta o senadora. No lo estamos haciendo encaminar, sino que se han quedado ahí las hermanas. Aunque han tenido tanta experiencia, pero ahí, para nada, sigue.

Lo que vemos en la C19 es que, aunque haya senadores o diputadas electas, ¿qué han hecho por la provincia? Se han gastado hartas cajas en campañas; pero resultados, poco. Y dentro del MAS igual, todo es plata: te preguntan cuánto vas a invertir, qué vas a aportar. A mí me dijeron que sí o sí tenía que alinearme al MAS, pero yo soy orgánica, no partidaria.

En una de esas reuniones, veía… He participado en esa especie de partidos en una ciudad. Por chiste también, ¿no? Había unas hermanas de Caranavi. Ellas me decían:

—Aquí hay una reunión del partido del MAS.

—Pero ¿qué hacen, pues?

—Aquí planifican cómo van a hacer

La verdad no conocía que era «regional, seccional». En esa reunión me he enterado de algo, porque decían:

—Aquí tienen que aportar.

Ellos… creo que había sido a nivel nacional [y decían]:

—¿Nosotros con qué vamos a encaminar aquí? Ellos sí o sí tienen que aportar, por el sello, por el derecho de piso, no sé qué cosa…

Entonces, ahí me he enterado de algo: que no es gratis.

Y aunque la diputada uninominal aparece en algunos aniversarios o campeonatos, no llega a todos los municipios.

Dicen que no sabe coordinar bien con las Markas ni cómo gestionar. Tiene título, sí, pero es como decimos: aula cerrada. Le falta calle, experiencia. A veces hasta dicen «¿esa imilla qué hace?» y da rabia, porque ella igual ha representado, aunque la critiquen harto. Ella misma dice que por ser mujer la achican, que la opacan, pero también se defiende. Habla por las mujeres, por la provincia. El problema es que tal vez no sale mucho a los Suyu, y por eso dan esa crítica. Como siempre: hay pro y contra.

“Plaza Ballivian 2022”, Sergio Benítez

Kullaka Qhana Aru: «De cargos pequeños a la representación provincial»

Desde joven, desde mis 14 ya iba a las reuniones, quería hacer cargos, pero no podía porque mi papá no me dejaba. Me decía:

—Mientras yo viva, tú no haces nada.

Él quería que mi hermano mayor entre en la lista. Así que, aunque tenía ganas, no podía. Recién cuando mi papá enfermó, ya a mis 28 [años], me tocó entrar. Me dijeron que tenía que cambiar la lista y así he empezado. Primero hice cargos chiquitos: Secretaria de Deportes, Yapu Qamani, Uywa Qamani, todo eso.

En 2017 me tocó ser Mallku de mi comunidad. Mi Ayllu tiene dos comunidades, así que me eligieron. Posteriormente faltaba quién vaya por las Bartolinas y ahí me eligieron como representante provincial. Así que dejé la [indumentaria] del Mallku, y asumí el nuevo cargo. He sido Ejecutiva Provincial dos años.

Justo al final de mi gestión, vino la elección de candidatos y cada ayllu tenía que llevar un representante. Mi Mallku me dice:

—¿Qué hacemos? No hay gente, ¿a quién llevamos?

Mi ayllu solo tiene dos comunidades, pero hay otros con cuatro o cinco. Me dice que somos ayllu pequeño y seguro ganarán los grandes, pero que igual me pare ahí para que no digan que no tenemos representante. Yo hice caso, me paré y todos los candidatos discursaron.

—¡Gané en mi Marka! ¡Ay no! ¿Y ahora qué hago? No tengo plata.

La [primera sección municipal] es una Marka grande y la [tercera sección municipal] también tiene gente preparada. Y antes de la elección fui con mi sobrinita a comer un plato de chicharrón porque no tenía plata. Allí vi a la [actual diputada], que estaba dando comida a mucha gente del MAS. Me sentí mal, pensé:

—Si ella hizo comer a tanta gente, ¿quién me va a apoyar a mí?

Pero al día siguiente nos presentamos igual y cuando hice mi discurso, me presenté y entramos a las elecciones. En las elecciones gané ahí, igual gané con ocho votos a nivel provincial. Pero, lamentablemente, me dicen:

—Tienes que dar cariño a las Markas.

Yo no tenía dinero y los Mallku han aportado. Yo, lo poquito que me he llevado, ahí han aportado los Jach’a Mallku con los Mallku, así. Apenas hemos alcanzado once cajas de cerveza. Y hemos dado así, a cada Marka una caja y a los Ejecutivos otra caja, así.

No por ser Bartolina, tengo que ser del MAS

Y luego, lo peor que me ha pasado ese día, yo he sido muy orgánica, nunca me ha gustado estar en «la política» y muchas veces he asistido a los congresos departamentales, congresos nacionales. He asistido, he sido elegida también, he presidido en el Congreso Orgánico en la [séptima sección municipal] para la modificación del estatuto, todas esas cosas. Entonces, he presidido eso.

Entonces, ahí, claro, la gente me conocía. Pero siempre yo decía, incluso he tenido una vez enfrentamiento con los hermanos. En Cochabamba he tenido un enfrentamiento con las [exdirigentes de las Bartolinas, actuales dirigentes del MAS]. Y yo, lo único que esa vez en un congreso dije, es que:

—Las mujeres, las mujeres de los pueblos indígenas, como ocupamos estos cargos de Bartolina, cumplimos el deber de una comunidad. ¿Por qué yo hago este cargo? porque yo tengo una sayaña en mi comunidad. Yo no me voy a brindar sin tener ni un terreno ni nada. Primero, estoy afiliada a la lista; segundo, que yo tengo un sayaña, que no es mío, pero es de mi papá, y represento a ese sayaña. Entonces, el cargo llega y por ese cargo me ha llevado. Yo no he ido a elegir un color político.

Entonces, directamente decían:

—¡Las Bartolinas tienen que ser parte del MAS-IPSP!

Y esa parte a mí no me gustó. Yo les dije esa vez que las mujeres indígenas, nada más por el hecho de ocupar un cargo, no podemos ser parte de un color político, sea derecha o izquierda. O sea, obligatoriamente, aunque no te guste, pues eres Bartolina y ya tienes que ser parte del MAS. Y entonces eso es lo que no me ha gustado.

Esa vez a mí me han cuestionado porque me han dicho que ellos han parido. Incluso la Felipa Huanca se alzó la pollera y dijo:

—Nosotras, como mujeres, ¡hemos parido este instrumento político del MAS-IPSP!

Eso nos dijo. Y a mí me decían:

—Ella es de verde, ella es de verde, así.

Yo no sabía qué era eso de «de verde». ¿Qué será eso? Me habían tildado como de tercer sistema.

Entonces, ¿qué pasa acá? Realmente, o sea, cuando yo he ganado, no conocía a nadie. Ahora sí, ya los conozco, sé quiénes son los seccionales del MAS-IPSP. Ahora creo que son Evistas… ya estoy confundida otra vez, ya no sé quiénes van con el Evo, quiénes van con el MAS [Arcista], yo ya no sé.

Pero esa vez había habido dirigentes que eran seccionales, provinciales, regionales, nacionales… yo no conocía a nadie. El momento que yo he ganado como candidata a uninominal, mi Jach’a Mallku me ha dicho:

—Los del partido del MAS han venido. La hermana tiene que coordinar con nosotros [han dicho].

Y el Jach’a Mallku me ha entregado al ejecutivo provincial del MAS. Para esa vez era de la [séptima sección municipal], y me entregó ahí. Yo he entrado a un grupo al que no conocía a nadie. Ni su política, o sea, nada. Para mí era algo… una organización que no era parte mía, que yo no me sentía bien con ellos. Lo primero que me han preguntado fue:

—¿Desde qué año eres militante del MAS?

He tenido que decir la verdad, porque yo nunca he sido militante, para nada. Ni un día me había reunido con ellos, ni siquiera estaba inscrita, ni nada. Y me han dicho:

—¡Ah, no! Si tú no eres del MAS, ¡hasta aquí llegaste!

Porque en esa ocasión, [había] representante de Ingavi, otro debió ser José Manuel Pando, y otro ha debido ser Pacajes.

Ese día fue la elección y me entregaron como representante de la provincia, pero me dijeron:

—Tienes que traer cerveza para coordinar con los tres.

El Congreso era a nivel Circunscripción, ahí nos presentamos los de José Manuel Pando, Pacajes e Ingavi. Gané también ahí, pero con observación.

Resulta que cuando estudiaba en la universidad, escribí un libro con una amiga sobre danzas. No teníamos plata para publicarlo, así que lo metimos a un concurso del Bicentenario, en La Paz. Salimos segundo lugar y nos publicaron. El detalle era que el documento que firmamos decía que la Alcaldía podía venderlo, pero nosotros no, aunque seguíamos siendo autoras.

Nos pagaron como dos mil quinientos. El alcalde era Juan del Granado. Por ese libro, como lo puse en mi currículum, me observaron, diciendo que era de ese partido. Esa fue mi primera observación.

Lamentablemente, yo no tenía las posibilidades de poder comprar conciencias. Así te lo digo. Me he sentido… o sea, desde el momento en que me entregaron al partido del MAS, yo a mi Jach’a Mallku le decía:

—Hermano, me has entregado… o sea, me siento como si me hubieras entregado a un hombre que nunca he enamorado.

Así le decía, porque me sentía así. Desde el momento en que entré al partido, no podía elegir a mis amistades, ¿con quién debía hablar y con quién no? Segundo, ellos decidían qué es lo que tenía que decir y qué es lo que no debía decir. Eso más todavía. Ellos decidían cómo tenía que vestirme yo, incluso me dijeron cómo debía cantar el himno nacional: alzando el brazo izquierdo, así. Yo he llegado a ese punto.

Muchas veces quise dar un paso al costado y mis autoridades me decían:

—No lo puedes hacer, porque a vos la gente te ha elegido porque te quiere, porque confía en vos.

El peor congreso de mi vida

Ese año, en el congreso provincial, me tocó lidiar con los hermanos de la [tercera sección municipal]. Para ser sincera, fueron de las peores personas que he conocido. Yo era candidata, tenía que llevar refrescos y cerveza, y aunque me costó, hice lo posible. Me llamaron a eso de la una de la tarde y fui con miedo, porque todos eran hombres y temía que me pidieran más cosas solo por ser mujer. Fui acompañada de mi Jach’a Mallku y mi Qillqa. Nos encerraron en un cuarto y me dijeron:

—Vas a coordinar con estos dos: [candidatos pre electos para provinciales].

Yo les dije:

—¿Cómo? Si mañana son las elecciones.

Pero ellos respondieron:

—Aquí es así. Si no haces que ellos ganen, ¡tampoco va tu candidatura!

¿Y qué he tenido que hacer? [Llora]. Quise renunciar ahí mismo. Pero mi Jach’a Mallku me calmó. Me hizo pensar en la gente que me apoyaba. Con lo poco que tenía, compré cerveza, gaseosa y refrigerios, tuve que ganarme el respaldo de los Jach’a Mallku. Al día siguiente, me paré y hablé con ellos:

—Me conocen, han confiado en mí. Les pido que apoyen a estos dos.

Y aceptaron. No por ellos, sino por mí.

Así ganaron [esos candidatos pre electos]. Pero me sentí mal. Yo apostaba por [otro hermano] que también era candidato. A él le tocaba, pero no pudo ganar por toda esa presión política.

Después, cuando ganaron, todavía tenía que ir a felicitarlos con cerveza, como si hubieran ganado por mérito propio. Y uno de los masistas con los que trabajé llamó por teléfono y dijo:

—¡Misión cumplida, jefe!

Ahí entendí que yo había sido usada para que ellos ganen. Encima, al entrar a la plaza, uno dijo:

—El pez cayó en la trampa sin querer…

O algo por ahí, un dicho que era… que nunca he podido descifrar. Y yo en ese momento pensé: Con todo lo que había gastado, con la plata y el esfuerzo, esos politiqueros que ayudé a ganar deberían apoyarme… pero no fue así. Un día, estaba en una actividad en mi comunidad, y cuando regresaba me llamaron y me dijeron:

—Hermana, ¿ya estás lista?

Yo ya tenía todas mis documentaciones listas, hasta la carpeta para entrar al Corte [TSE], y ya había dejado al [Delegado acreditado de la Organización Política], pero me avisaron:

—Hermana, ¿cómo te estás manejando? Porque ya están entrando los nombres al Corte [TSE], pero no está el tuyo, sino el de otra persona.

Al día siguiente fui a revisar y estaba el nombre de la V., que era mi ejecutiva y candidata también. Ella quedó con cinco puntos, la apoyaron cinco Marka; yo tenía ocho Marka apoyándome. Ella quedó en tercer lugar y ya había hablado con el [Delegado acreditado de la Organización Política].

Entonces, no solo fue eso. Antes de entrar hasta ese lugar, a mí me han cobrado, primero desde la seccional, provincial, departamental, nacional y no solo eso: a los ejecutivos provinciales, departamentales, nacionales… O sea, el dinero aquí me pedía. El mínimo que me han pedido en el seccional, en el municipal, es [un sueldo de diputado] mínimo. A nivel provincial era otro monto; a nivel nacional, otro monto. O sea, ellos hablaban por sueldo. Yo no sabía cuánto ganaba un diputado. Algunos hablaban por dos sueldos, tres sueldos, cuatro sueldos. Yo no sabía cuánto era el sueldo de un diputado. Ellos me decían:

—Vamos a hablar de dos sueldos, de tres, cuatro sueldos —así.

Lo más caro, lo más caro que me ha tocado, el último paso que tenía que dar [casi nueve sueldos] al [Delegado acreditado de la Organización Política]. Y yo no tenía esas posibilidades de poder pagar [casi nueve sueldos] en dólares. De ahí, me han dado la opción:

—¿Lo tomas o lo dejas?

Yo dije:

—¡Lo dejo!

Con la dignidad intacta

”Inicios de construcción de la Universidad Técnica Laboral de El Alto”, autor anónimo

Yo, cuando me metí, tenía muchas ideas, quería ayudar, trabajar, hacer algo por mi gente. Pero con el tiempo me fui dando cuenta que solo me estaban utilizando. Me decían:

—Anda, préstate del banco, y después, cuando entres al poder y seguramente vas a ganar, vas a pagar no más.

Y sí, tal vez lo hubiera hecho, pero me he dado cuenta que, si en algún momento, aunque yo entre como diputada, no voy a poder decidir yo, sino que van a decidir otros por mí, el partido, en este caso. El día que entré, me dijeron clarito:

—Aquí no aceptamos libres pensantes.

Entonces, ¿para qué seguir? ¿Para qué me usen como títere? ¿Para prometer cosas que no voy a poder cumplir? Y ahí pensé: si sigo, después la gente va a hablar mal de mí y, peor aún, del Jach’a Mallku de mi Marka que me apoyó. Así que dije:

—¡No más!

Y cuando di un paso al costado, muchos me llamaron, querían ayudarme, incluso económicamente. Pero ya estaba decidida. Ya no se hace política por nuestros pueblos, ahora es como una inversión: haces un cargo y después esperas tu puesto, aunque sea de portero en un ministerio.

La noche que renuncié, dormí tranquila. Me sentí libre. Y agradecí a Dios. Al final, me sacaron. Entró V., luego la sacaron; entró P., luego la M. Y justo ese año sacaron a Evo y se anularon las elecciones. Por algo pasan las cosas, digo yo. Si hubiera seguido, quizás hasta endeudada y maltratada estaría. Pero ya pagué mis deudas y ahora estoy tranquila. Y lo más importante: con dignidad.

Hasta donde yo he visto, he hecho autoridad con el hermano provincial, que era mayorcito, casi de sus 70 años. Él no sabía leer muy bien, no tenía mucha formación y a veces no hablaba bien su español, pero era una persona que cuando decidía, decidía. Si decía:

—Así tiene que ser—, mañana no hay otro, ni pasado.

Era hombre de palabra, no necesitaba firmar nada. Cuando decía «sí», era sí; cuando decía «no», era no. Me acuerdo que en un Congreso Orgánico, que yo presidía en la [séptima sección municipal], los de Marka «C» llegaron con 10 cajas de cerveza para hacerse Marka y el hermano ejecutivo les dijo:

—No, legalmente la Marka «C» no es Marka—, y no les aceptó.

Al siguiente año, con nuevos Jach’a Mallkus de la Marka «C», volvió con sus cajas, y el hermano les dijo:

—Yo no voy a aceptar ni una botellita, ni dos cajitas, aunque sean autoridades del Suyu. No gasten su plata, guárdensela, porque no les voy a aceptar. Ustedes no son Marka, y como ejecutivo, no lo voy a aceptar—. Y se las devolvió otra vez.

Pero también estaban los jóvenes que nunca hicieron cargo, que tenían fotos con [Delegado acreditado de la Organización Política], sentados en su oficina con algún ministro. Y ellos decían:

—También me he reunido con él—, como si eso fuera lo mejor.

Por ahí ni siquiera han hablado, pero ya tienen la foto, y eso era una forma de humillar.

Y ese que tanto iba a tomar su trago del [Delegado acreditado de la Organización Política], al final le dimos «persona no grata».

—¿Quién iba a tomar con todos esos políticos?

—¡Él! Él nos ha traicionado.

Listo, ¡persona no grata! Eso más nos pasó.


De la inclusión aparente a la resistencia ética

Los tres testimonios expuestos expresan que el concepto de «la política», hacen referencia a lo que realmente se entiende por “politiquería” y esto visibiliza y expone formas sistemáticas de exclusión, cooptación, violencia simbólica y subordinación.

Estos casos son muestra de que hay dos etapas en la «elección de candidatos políticos indígenas». La primera se genera desde los mecanismos de designación y elección aymara como el consenso, la rotación de cargos (muyu) y siqi o siqt’asiña y está sujeta a un buen prestigio en el quehacer político en el thakhi desde el nivel comunitario hasta el nivel Marka o Municipio donde esto del «cariño» no es tan fuerte dentro de las estructuras de lo orgánico. A nivel provincial, ya es una mezcla de prestigio y comienza con palabra «cariñomasti» como una obligación por prestigio arraigado al municipio, que es entendida en otras provincias como «voluntad», donde el candidato de cada Municipio debe «brindarse» como mínimo a una caja de cerveza y un paquete de refresco para los otros municipios de la provincia. En otras provincias se ha evidenciado que incluso algunos candidatos intentan destacar con el doble de cariño, pero aun así, pierden. Esto muestra que «el cariño» no es un factor determinante para que gane un candidato, puesto que se considera más lo que hizo en el thakhi interno del municipio.

La segunda etapa es la que se da a nivel circunscripción 19, es decir, entre los candidatos de las tres provincias José Manuel Pando, Ingavi y Pacajes, donde se entra en una franca negociación con el partido político MAS-IPSP en términos clave «cariño» traducidos en «sueldos» y no como algo obligatorio sino como un requisito. En estas negociaciones intensas con los militantes de las diferentes estructuras partidarias, donde las cifras o «sueldos» son cada vez más altas en cada dirección Municipal, Regional, Departamental del MAS-IPSP. Tal como lo señalaba la kullaka Qhana Aru, al final en esta etapa se inscribe no al candidato que fue elegido «orgánicamente» sino al candidato que mejor pagó. En consecuencia, la llamada «elección orgánica» deja de tener validez en el paso hacia el sistema partidario del MAS-IPSP.

Esto demuestra que, en el campo político, la transición de lo «orgánico» a «la política», comienza con el «cariño». Este concepto, originalmente asociado al ayni y al acto de compartir, se ha transformado en una práctica de reciprocidad material que incluye la entrega de bebidas alcohólicas, alimentos, dinero o favores a autoridades y dirigentes del partido político como muestra de agradecimiento o compromiso. En el contexto electoral, el «cariño» se ha convertido en un requisito tácito que condiciona el apoyo político y reproduce lógicas prebendales. Frases como «Cariñomasti», «pon rojitas, pues» o «no queremos bebidas de wawa» funcionan como códigos que evidencian la compra de conciencias y la cooptación de liderazgos. Así, lo que antes era un gesto de reciprocidad comunitaria se ha degradado en un criterio para validar candidaturas, convirtiéndose en un símbolo de corrupción estructural en los procesos de preselección de candidatos para listas a presentarse ante el TSE.

También evidencia una verdad que muchos ya no callan: la política partidaria, más que una herramienta de transformación, se ha vuelto un negocio. Se invierte para llegar al cargo y se recupera una vez estando en el cargo, negociando con empresas transnacionales, vendiendo puestos de técnicos dentro de los ministerios o pactando silencios en la Asamblea. ¿Entonces qué esperanza real podemos depositar en los diputados uninominales? ¿A qué intereses responden? ¿Entrarán a legislar para el pueblo o a hacer negocios?

Es cierto, con el «Estado Plurinacional» se han visto rostros y vestimentas indígenas incluidas de forma simbólica, pero lancemos la pregunta: ¿a qué costo? ¿Cuánto pagaron? Otra pregunta fundamental para los representantes de la asamblea legislativa actuales-salientes es: ¿Qué lograron hasta ahora? Qhana Aru señala con claridad que dentro del MAS-IPSP están prohibidos los «libre pensantes». La decisión indígena ha estado siempre condicionada por la obediencia al líder partidario, que impuso una dictadura interna sobre la Asamblea Legislativa Plurinacional, utilizando su mayoría parlamentaria como herramienta de control y no como «proceso de cambio». El MAS-IPSP, concebido originalmente como un instrumento político de los pueblos, en la práctica y hechos fue y es un parte de un sistema degradado que reproduce formas coloniales de dominación y control, bajo una nueva fachada o mascara Plurinacional.

Lo relatado aquí no es excepcional. Es una muestra de lo que sucede en muchas circunscripciones de Bolivia, especialmente en estos tiempos electorales como el que estamos pasamos en esta gestión 2025. Las mujeres aymaras valientes que compartieron estos testimonios lo hicieron en medio de lágrimas. Detrás de cada lista oficial de cada circunscripción uninominal, hay no solo mujeres sino también hombres, familias que lloraron, que se endeudaron, que creyeron… y que terminaron excluidos por no «poner su cariño económico al partido político».

Estos relatos obligan a pensar no en los procesos de inclusión sino en el respeto real, el reconocimiento efectivo y la práctica plena de la autodeterminación de los pueblos indígenas. Lo que está en juego no es únicamente su participación aparente en la política, sino la posibilidad de que decidan por sí mismos quiénes los representan, en lugar de que otros elijan por ellos y controlen su voz a través de sistemas políticos ajenos a sus propias lógicas comunitarias.

Frente a la lógica de la prebenda, el silencio cómplice y el «cariño» que corrompe, pese a todo esto, estos testimonios van más allá del lamento: son crítica radical. Son propuesta política desde abajo, pues han optado por sostener su «dignidad intacta» como una forma de resistencia crítica. Desde ahí, siguen luchando desde lo orgánico, desde la comunidad y con la comunidad y ya no desde los partidos políticos. La frase «Cariñumasti. Nosotras ya no queremos meternos en política» no expresa resignación, sino hartazgo y memoria crítica. Es palabra firme y ética ancestral; es una renuncia que denuncia el sistema partidario occidental impuesto. Es dignidad. Es horizonte.

Kunapachkamas aka uraqisan wawanakapax yaqha anqa markanakankir sarawiparjam apnaqayasiñäni? Jiwasax sum yatxayañasaw awich achachilansan yatiwipa, ukjamaraki yatxayañasaw yaqha «pueblo indígenakan» sarawinanakapa, ukjamak jiwaspach yanapt’asisax nayrar sarantañäni, aka markas irpxaruñataki

Fotografías: Archivo Comunitario de El Alto

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Escrito por Casa de Nadie

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