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El cuidado es como un hilo rojo que sostiene la vida

May 4, 2026

Fuente: La Voz de Tarija

Las mujeres de Tarija y Entre Ríos asumen una sobrecarga histórica de trabajo no remunerado, dedicando 24 horas semanales más que los hombres. Para combatir esta desigualdad sostenida por estereotipos patriarcales, la movilización social ha logrado la reciente aprobación de leyes municipales de corresponsabilidad. Estas normativas pioneras buscan redistribuir estas labores, transformando el cuidado de una carga femenina en un asunto público, colectivo y político.

Miriam Sejas Rivero

“Mi niñez fue tranquila, rodeada de naturaleza, donde los días eran largos y llenos de aventuras; estuve protegida y acompañada en todo momento, cuidada por mis padres. De ellos aprendí valores como el cariño, la disciplina y el amor por la familia, los cuales aplico en mi día a día y en el centro de cuidado con los niños y niñas”, cuenta Linda, una joven que vive con sus padres en la comunidad de San Josecito, en el municipio de Entre Ríos.

En este lugar, las mujeres realizan 24 horas semanales más de trabajo no remunerado que los hombres, una carga que recae principalmente en el sostenimiento cotidiano de la vida y los cuidados. Así lo registra el estudio Las mujeres sostenedoras de la vida. La distribución de los cuidados en Tarija y sus consecuencias en los municipios de Cercado, Entre Ríos y Bermejo (2023), realizado con el apoyo de Oxfam y la Embajada de Suecia en Bolivia.

En promedio, las mujeres de 15 años o más registran 114 horas semanales de trabajo total: destinan 52 horas al trabajo no remunerado del hogar (45 %) y 62 horas al trabajo remunerado en actividades económicas (55 %). En contraste, los hombres registran 102 horas semanales de trabajo total, de las cuales dedican solo 27 horas al trabajo no remunerado (27 %) y 75 horas al trabajo remunerado (73 %).

“Cuidar a los niños y niñas del centro es una responsabilidad grande; es como si estuviera cuidando a mis propios hijos. En el Día del Niño, ver sus caritas de felicidad me llena de mucha emoción. Sin embargo, tener a muchos menores al cuidado implica aprender, tener paciencia, manejar conflictos, acostumbrarse a ellos y, en algunos casos, resolver problemas con sus madres y padres; esos son los desafíos a los que una se enfrenta”. Estas son las palabras de Lency, madre de dos niños, quien vive en la comunidad de Ñaurenda, en el municipio de Entre Ríos.

Los cuidados constituyen una necesidad humana básica: son indispensables para la vida y su sostenimiento. Estas labores pueden ser remuneradas o no y, en ambos casos, abarcan tanto el cuidado directo de las personas como el trabajo doméstico orientado al bienestar de las familias y de otros hogares, como lo ha reportado Oxfam. Aunque todas las personas necesitan cuidado en algún momento de su existencia, históricamente han sido las mujeres quienes han asumido estas tareas; de hecho, las primeras leyes en la materia estaban dirigidas solo a ellas, como es el caso de la licencia de maternidad.

Un sistema integral de cuidados se define como un conjunto de políticas encaminadas a concretar una nueva organización social con la finalidad de cuidar, asistir y apoyar a las personas que lo requieren. Busca reconocer, reducir y redistribuir los trabajos de cuidados desde una perspectiva de derechos humanos, de género, interseccional e intercultural, al menos así lo registran en su investigación del 2021, Bango y Cossani. Por su parte, el “diamante de cuidados” es un enfoque que ilustra la organización de esta labor entre “los cuatro pilares del bienestar: las familias, el Estado, el mercado y la comunidad”, dice el informe de Oxfam.

En Entre Ríos, a la actividad con mayor carga horaria en el trabajo doméstico —la limpieza de la casa—, las mujeres dedican un promedio de once horas semanales, mientras que los hombres solo cinco horas, evidenciando una diferencia de seis horas. Asimismo, la preparación de alimentos demanda a las mujeres unas diez horas semanales en promedio; en contraste, los hombres dedican cuatro horas a esta actividad, lo que refleja nuevamente una brecha de seis horas. Por el contrario, en los trabajos de mantenimiento del hogar, las mujeres invierten un promedio de 15 minutos y los hombres una hora (una diferencia de 45 minutos).

En cuanto al cuidado de personas adultas mayores, las mujeres dedican un promedio de tres horas semanales frente a las dos horas de los hombres. El cuidado de niños menores de cuatro años es la tarea que más tiempo requiere: las mujeres le dedican unas 7 horas promedio, mientras que los hombres apenas 4. Estos datos provienen del estudio mencionado anteriormente, realizado por el proyecto Experiencias públicas y comunitarias de cuidado infantil que promueven el derecho al cuidado y la corresponsabilidad social en el horizonte de la despatriarcalización (ECAM), con el apoyo de Oxfam y la Embajada de Suecia en Bolivia.

“Sentarme a la mesa después de cocinar para los niños y niñas del centro me permite hablar con ellos, observar cómo se sienten y reír de la nada, algo que yo no podía hacer en mi infancia con mi padre machista”. Esta es la voz de Dionilda, a quien le dicen mamá; es esposa, madre de dos hijos, y también pertenece a la comunidad de San Josecito.

En Bolivia, a través de la cultura, la familia y la sociedad, se transmiten ciertas creencias y estereotipos sobre la masculinidad que pueden ser limitantes o dañinos, ya que condicionan cómo los hombres se perciben a sí mismos y cómo se relacionan con los demás, todo ello respaldado por el sistema patriarcal. Expresiones comunes como «los hombres no lloran», «no debemos interferir mucho en la crianza de los hijos porque es tarea de mujeres» o «somos fuertes emocionalmente y nacimos para proteger a las mujeres», perpetúan la asociación de los hombres con la insensibilidad y una supuesta incapacidad para el cuidado. Estos discursos, reforzados a lo largo de la vida, forman parte de los mandatos tradicionales sobre “cómo debe ser un hombre”.

Sin embargo, lo emocional no es exclusivo de ningún sexo: tanto hombres como mujeres pueden expresar afecto, empatía y sensibilidad. Del mismo modo, el rol protector no les pertenece únicamente a ellos; ante situaciones de riesgo, ambos pueden desarrollar acciones de cuidado y protección. Estas ideas son analizadas y cuestionadas en el Cuaderno del curso sobre la corresponsabilidad del cuidado para la sostenibilidad de la vida (2019), elaborado por la Plataforma Nacional de Corresponsabilidad Social y Pública del Cuidado.

“A un niño o niña le diría que el ser cuidado y el cuidar son como hilos invisibles que nos mantienen unidos a todos. Tareas sencillas como el simple hecho de doblar la ropa, alzar y guardar los juguetes o regar las plantas, son pequeños pasos que fortalecen la corresponsabilidad desde pequeños, fomentando el respeto, la empatía, la responsabilidad y la solidaridad. En la comunidad se ha generado confianza y respeto mutuo”. Así piensa Lila, madre de una niña de 5 años, quien vive con sus padres en la comunidad de Ñaurenda.

A partir de las necesidades de un contexto en el que se realizan hasta triples jornadas laborales —donde el cuidado abarca la mayor parte del tiempo, es realizado mayoritariamente por mujeres y no es remunerado—, se evidencia que el cuidado de la vida sostiene económicamente a un país. En la última década, se han registrado diversas iniciativas ciudadanas, departamentales y municipales dirigidas específicamente a este tema. No obstante, su aprobación ha demandado una serie de estrategias, presión social e idas y vueltas que terminan alargando los procesos hasta por más de cinco años.

En Cochabamba, la Ley Municipal de Corresponsabilidad en el Trabajo de Cuidado No Remunerado para la Igualdad de Oportunidades fue aprobada en 2019, tras casi diez años de impulso por parte de una alianza inédita de concejalas. En Tarija, la Ley Municipal de Cuidados se aprobó en 2023 tras dos años de presión social, fundamentada en el estudio ¿Cómo se sostiene la vida? Las mujeres de Tarija: Estrategias y acciones para el cuidado del 2023. Por su parte, en Entre Ríos, la Ley de Corresponsabilidad del Cuidado fue aprobada en 2026 por unanimidad del Concejo Municipal; fue construida desde el consenso entre autoridades, comunidades y pedagogas para reconocer el cuidado como un derecho y una responsabilidad compartida.

Estas leyes no son unas más del montón. Representan el esfuerzo y la lucha silenciosa de años, demostrando que el cuidado está dejando de ser una carga que recae casi exclusivamente en las mujeres para empezar a reconocerse como un asunto público, colectivo y político.


Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de su autora u autor y no reflejan necesariamente la posición institucional de la Cooperación Alemana, implementada por la GIZ, ni de la DW Akademie.

Este contenido fue elaborado en el marco del proceso de capacitación y mentoría “Narrativas Diversas 2.0”, orientado a promover la igualdad de género y la inclusión a través del periodismo constructivo, con el apoyo de la Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit (GIZ) GmbH, en articulación con la DW Akademie y en el contexto del proyecto ProIgualdad.

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Escrito por Casa de Nadie

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