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Bestiario suburbano latinoamericano contemporáneo III

Mar 19, 2026

III. Mata maleza

Soleirolia soleirolii indestructibilis

Bestias las faunas. Bestias las floras.

Va así: la bestialidad o bestialdad, o lo bestial si preferimos inclinarnos por un uso de los conceptos en el que prime lo lúdico sin dejar de lado la rigurosidad, no se reduce a ser una característica atribuible nada más que a las vidas devenidas como fatus Animal. Una bestia puede manifestarse entre melenas, sí; o crines; o venir insertada dentro de algún macizo caparazón, o exoesqueleto, o porcelánica concha; o arropada en espesos plumajes, calcáreos mantos de escamas, o púas; o resultar siendo una criatura lampiña y tal vez resbaladiza. Pero de ser también tratan las vitalidades que se presentan recubiertas por follajes, pétalos, fruta, madera e incluso por esporas en los casos gimnospermos.

Bestias son… No… ¡yo sí voy a apostar a que más honor tiene jugar!

Lo bestial… ¡la bestialdad, sí! así como es parida, igual puede germinar; pues bestias no son sino las y los que, desfavorecidxs por arbitrio de la muerte, se niegan a morir, rendirse y perecer.

Bestiales aquellos cuerpos a los que nada arranca sus vidas. Bestia toda carne, todo pulso, y todo cuánto consigue imponerse ante la inclemente adversidad, ante la grosera realidad [sin atender a debilidades ni flaquezas, ni siniestros] para demostrar con su rubor y la perpetuación de sus latidos que se ha equivoca al subestimarla.

Para supervivientes, las de la clorofila. Y entre las de la clorofila, la maleza. Y sobre malezas y demás hierbas gallardas: la mirada inevitablemente se vuelca sobre la Soleirolia soleirolii indestructibilis, mata del cemento, maleza baja; o Lágrimas de bebé, si lo que gustamos es alguna jerga cuya análoga naturaleza es replicada en especial por abuelas y gitanos en razón de la similitud que tienen las hojas de esta planta con el tamaño y forma del afluente ocular expuesto en el llanto de los párvulos.

Llega más allá de Latinoamérica. Ignora fronteras, geografía. A donde sea que una calle haya reemplazado al prado, hacia la parte que se elija observar, ya sea con arbitrio o por puro azar; ahí donde la tierra fue arrancada de los suelos y desfigurada luego en piso tras verter en sustitución, ¡ahí es imposible que ahora mismo no estén alargando sus verdes brazos desde las rendijas y las grietas más minúsculas malezas citadinas, y no en poca cantidad!

En lo que concierne a inoficiales y más bien poco científicas categorías: no están emparentadas con los arbustos, ni matorrales, con hierbajos, musgos, ni tampoco enredaderas, y menos es lo que comparten con la vegetación lechosa o la leñosa. La Soleirolia soleirolii indestructibilis, [panacea sacra entre curanderos místicos y yerbateros, y denominada en algunos nichos ocultos como Barba de Moisés] está entre lo que solemos referir como urticarias. No está lejos de la oficialidad botánica tal coloquio, ya que pertenecen a la Familia Urticaceae.

Tratada a veces de “loto de tierra”, no es difícil darse cuenta de que, a partir de cualquier sustrato contaminado y estéril, caño, superficie sólida e inhóspita en la que apenas podría imaginarse que una hierba lograría arraigar, la mata maleza consigue prosperar. Pero ser vidas nacidas y nutridas por lo corrupto es lo único que relaciona a lotos y malezas pues, en lo demás, representan esquinas opuestas de la clasificación herbal. La mata maleza es, como las malezas en general, una planta que no produce flores aunque esta, de hecho en su singularidad, tampoco evoca por mecanismo esporificación. reproductivo la Ninguna maleza es angiosperma, mas la mata maleza en extraña excepción no se hizo gimnosperma como alternativa. Una intrigante mutación genética explica el nada convencional camino hacia el que se inclinó su instinto: la Soleirolia soleirolii indestructibilis se multiplica -digamos- de forma mimética a como aprendió a crecer y desarrollase, es decir, se multiplica cual alfombra compuesta de clones. Por encima de la superficie a la que esté sujeta sus suaves ramajes estira mientras, por debajo, entierra con ahínco sus raíces de las que brotan espiralados hilachos blanquecinos que se abren paso hasta el exterior y, una vez ahí afuera, se desprenden de la maleza original y dueñas de su propia corporalidad pasan a ser otra maleza independiente. Es interesante dado que, en retrospectiva, todas las matas maleza son entonces la misma mata maleza que hace siglos mutó en lo más recóndito de su genoma y comenzó a replicarse hasta el infinito sin necesidad de usar gametos y prescindiendo tanto de la polinización como del crear esporas.

¡Ella misma y su mera voluntad, no más! eso bastó a la más gamina de las malezas para prácticamente dominar el mundo ¿suena a exageración? propongo una dinámica simple para zanjar el asunto: salgan a la calle, bajen sus miradas y díganme qué ven. Estén donde estén, se repetirá la imagen, sí, de una plantita verde oscura, casi azul, mártir, reforestando en silencio y sin aliados la gris civilización, y desafiando la lógica del asfalto como la intimidante bestia que es.

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Escrito por Carlos Villamizar

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