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Feminismo digital y violencia de género en Instagram y TikTok

May 20, 2026

Las redes sociales se han convertido en trincheras para expandir ideas de lucha y resistencia pese a la vorágine del contenido de ocio y discursos de odio. En medio de la marea de contenidos aparecen cada vez con más frecuencia aquellos que unifican las voces de mujeres jóvenes haciéndole frente a la arremetida del machismo.

Lucia Kenta Moscoso

Una joven desliza el dedo por la pantalla del celular y, en medio de bailes y videos breves, se encuentra con un mensaje que le resulta cercano: signos de una relación violenta, un testimonio anónimo, un número de ayuda. 

El entretenimiento se va convirtiendo en información estratégica. Entre 2020 y 2025, el uso intensivo de las redes sociales se determinó como una de las causas del cambio sustancial que registraron las mujeres jóvenes de América Latina en su forma de informarse, compartir experiencias y reflexionar sobre la violencia de género.

Al respecto, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD indica en el reporte «Violencia digital contra las mujeres: Un panorama regional», realizado en 2025 en América Latina y el Caribe que Instagram y TikTok pasaban de ser simples espacios de ocio a redefinirse como lugares donde emergen discursos sociales, educativos y preventivos que, a su vez, habilitan nuevos espacios de diálogo y de cuestionamiento respecto de los temas de género que solían encontrarse en silencio.

Este fenómeno ha sido captado por los múltiples organismos y medios de comunicación. El PNUD señala en el reporte de Violencia digital contra las mujeres: Un panorama regional realizado en 2025 en América Latina y el Caribe que la violencia digital contra las mujeres en sus vertientes ataques en redes sociales y campañas de desinformación es una de las formas de violencia de género que más rápidamente se incrementa en la región, la que ahonda desigualdades estructurales en los ambientes digitales.

Por otra parte, organismos de derechos humanos y campañas específicas han puesto con mayor importancia  que esta forma de violencia no es un fenómeno aislado ya que afecta a la libertad de expresión, intimida a las mujeres y tiene efectos, si no antidemocráticos y represivos, sí de perpetuación de patrones tradicionales de desigualdad y control.

Desde una perspectiva de análisis social, la especialista en género Camila Jiménez, de la Universidad Católica Boliviana, indica que, si bien las redes sociales constituyen espacios de configuración e intercambio de tipo masivo, también muestran las mismas tensiones culturales que allí fuera. «Hoy se habla mucho más de feminismo y de violencia de género en redes sociales, pero también aparecen reacciones hostiles y discursos que reproducen estereotipos de género», asegura. La coexistencia de discursos polarizados no es simplemente una mayor visibilidad, sino también una forma de mostrar la persistencia de resistencias culturales y sociales hacia la igualdad.

En este sentido, Jiménez precisa que lo que ocurre en una red social como Instagram o TikTok no consiste únicamente en un consumo pasivo, sino en producción colectiva de conocimiento social; es decir, las personas y las comunidades comparten experiencias, recursos y herramientas para identificar situaciones de violencia de género y responder a dichas situaciones de violencia. La circulación de contenidos ha permitido que muchas jóvenes reconozcan señales en riesgo y accedan a información que antes no estaba disponible o que ni siquiera era visibilizada en sus entornos cotidianos.

La psicóloga Wara Martínez, de la Universidad Católica Boliviana, da una vuelta de tuerca a dicho fenómeno y lo convierte en un fenómeno emocional. Martínez señala que muchas de las mujeres jóvenes, a partir de sus inquietudes personales o las dudas que pueden tener sus vidas, acaban consumiendo contenidos referidos a géneros y relaciones: “Instagram ha pasado a ser un lugar donde se deja claro y se ofrece de forma muy rápida tal información”, observa, “pero a la vez hay que tener en cuenta que en TikTok, gracias a su formato breve o resumen fugaz, también se cuenta de forma muy rápida. Esto implica llegar a contar alguna historia de alerta, pero que a su vez sea estresante cuando se le descontextualiza”.

La especialista concluye que las consecuencias de la exposición a contenidos referidos a violencia de género dependen de la forma en que la información se presente y de la manera en la que cada persona reciba el contenido. A diferencia de otros medios, el uso de las redes sociales mezcla narraciones, memes, tutoriales y opiniones, lo que puede expandir los límites, pero también provocar saturaciones emocionales cuando se está constantemente expuesta a su contenido.

Esa tensión entre los contenidos en un contexto de visibilidad y entre éste y el riesgo presente de generar malestar emocional es paralela a concluir lo que dicen las personas académicas en torno a la violencia sociodigital; es decir, a las violencias, no sólo en términos de la violencia ejercida dentro de las prácticas de violencia de género, como el acoso o la difusión no consentida de imágenes o comentarios sexistas, sino también por parte de la violencia que se ejerce en redes públicas e informáticas frente a los propios efectos de su ejercicio mismo. 

En la práctica cotidiana, en América Latina y particularmente en países como Bolivia, Instagram y TikTok funcionan como escenarios contradictorios: brindan información, compañía y conciencia colectiva, pero, al mismo tiempo, producen dinámicas de hostilidad, polarización y violencia simbólica. Esta ambivalencia hace que las redes sociales lo sean precisamente con las mujeres jóvenes, que a la vez tienen interés en conocerse, en cuidar su salud emocional y en aprender a reconocer las señales de violencia en sus propias vidas.

Sin embargo, a pesar de estas tensiones, el feminismo digital presenta una herramienta interesante para incrementar las posibilidades de información, construir redes identitarias colectivas y abrir diálogos que son más difíciles de sostener en los espacios off-line. De esta manera, en medio de algoritmos, pantallas y conversaciones, las mujeres jóvenes de América Latina están reformulando no solo la discusión sobre las desigualdades de género, sino también la de cómo se acompañan para hacer frente a esas desigualdades.

Este proceso se manifiesta también en el contexto boliviano, donde creadoras de contenido y chicas jóvenes empiezan a utilizar Instagram y TikTok para hablar de violencia de género. Por ejemplo, en estos medios corre una práctica solidaria, memorativa y de reivindicación de derechos. En TikTok, se leen comentarios como:

«por ti, por mi, por ellas, por nosotras, por las que faltan, justicia”

«Soy la hermana de una niña que jamás tocarán»

«Por todas las que nos faltan, ahora somos su voz. Somos el corazón de las que ya no laten». 

En Instagram, los comentarios son de reflexión y experiencias: 

«Que el dolor ajeno nunca nos sea indiferente»

«Lucho hoy por todas y por mí, niña interior que le robaron la infancia, la inocencia y la sonrisa»

Relatos de acoso sufrido en la calle, como «Tenía 11 cuando iba yendo a mi casa, un auto pasó y me chiflaron y gritaron piropos; iba con el uniforme de mi escuela, mi falda me llegaba a la rodilla y llevaba medias altas…». 

Conforme a la opinión de María Teresa Zegada, socióloga de la Universidad Católica Boliviana, “la única forma de luchar contra la violencia de género ante la falta de respuesta de la justicia o los medios convencionales, es en el espacio público. Las redes sociales se han convertido en un recurso particularmente potente para visibilizar problemas de violencia, crear conciencia colectiva o para que otras personas también se animen a denunciar, generando un efecto bola de nieve”. También nos dice que Instagram y TikTok pueden resultar particularmente eficaces porque permiten interacciones inmediatas y porque posibilitan que lo privado se vuelva público, “alterando la forma en la que se perciben y se asumen estas situaciones”.

Por su lado, Sofía Rico, joven participante del feminismo en redes sociales, nos dice que las redes sociales han hecho que las comunidades de mujeres sean más sencillas: “Nos resulta más fácil encontrarnos y apoyarnos. Creamos grupos en redes sociales y se conforma una comunidad que está informada y se sostiene frente a ciertas causas”. Para Sofía, los contenidos sobre activismo, críticas a las políticas de género, así como de género, ayudan a explicar las desigualdades o a prevenir situaciones de riesgo.

Estos videos, testimonios y reflexiones viajan con fuerza en el marco de fechas emblemáticas como la del 8 de marzo o el día 25 de noviembre, y aunque no lo hacen necesariamente como activismo formal, si generan identificación, debate e intercambio de pareceres, dando cuenta de cómo el feminismo en el entorno digital se coloca y se va entrelazando con las problemáticas y realidades de la juventud boliviana.

En este entorno, las voces de expertas y de usuarias muestran cómo las plataformas son espacios de información, apoyo y práctica. María Teresa Zegada hace énfasis en que, compartir experiencias genera un efecto multiplicador que sensibiliza a otras para denunciar; Sofía Rico pone el acento en la construcción de comunidades de mujeres que se informan y se asisten entre ellas. Camila Jiménez hace notar que las redes son espacios de producción colectiva de conocimiento social, aunque se reproducen voces hostiles y estereotipos de género. Wara Martínez indica que el consumo rápido de contenidos, sobre todo el de TikTok, crea alertas y aprendizajes, aunque puede generar saturación emocional. En suma, estas voces evidencian que el feminismo digital constituye la hibridación de activismo, información y conciencia colectiva para generar redes de apoyo y de prevención frente a la violencia de género.

Desde esta perspectiva, el feminismo digital no sólo hace visible la violencia en razón del género, sino que también ofrece a las jóvenes bolivianas la posibilidad de informarse, apoyarse entre sí y crear redes de sororidad. Cada relato compartido, cada comentario ayuda a ir modificando la realidad y demuestra que la búsqueda de la igualdad es igualmente una búsqueda que tiene lugar en el espacio virtual.


Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de su autora u autor y no reflejan necesariamente la posición institucional de la Cooperación Alemana, implementada por la GIZ, ni de la DW Akademie.

Este contenido fue elaborado en el marco del proceso de capacitación y mentoría “Narrativas Diversas 2.0”, orientado a promover la igualdad de género y la inclusión a través del periodismo constructivo, con el apoyo de la Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit (GIZ) GmbH, en articulación con la DW Akademie y en el contexto del proyecto ProIgualdad.

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Escrito por Casa de Nadie

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