
A Jaime Sáenz se lo considera el autor de La Paz y a Imágenes Paceñas su mapa de coordenadas. El ensayo de 1979, titulado “Imágenes Paceñas: lugares y personas”, invoca en breves textos a barrios, calles, personajes y espectros de La Paz, acompañados de fotografías de Javier Molina B. La ciudad de mística luz y penumbra en coexistencia. Pasajes reducidos, cerros de sombras, patios escondidos. La Linares y la Sagárnana, el inmenso Mercado Rodríguez, el Montículo y Sopocachi, la histórica Plaza Murillo. Sin ser la obra más reconocida de Sáenz, Imágenes Paceñas está en el bolso o en el librero de quien ama la bohemia de La Paz, señala los callejones que reconoce y se pregunta cuándo habrá sido la última vez que un hojalatero se vio caminar por ahí.
“¿Qué será más adelante? ¿En los incontables minutos de vida; en los inconmesurables minutos que suelen vivir las ciudades, y que todavía quedan por vivir a La Paz?”
Debajo de esa alejada colina de Obrajes que Sáenz describía en los setenta, hoy se se extiende toda la zona sur de la ciudad, nuevo centro para muchos, eje comercial, de esparcimiento y vivienda; y sobre ella, en el cielo exactamente, se encuentra erguida una de las primeras líneas de teleférico, red de transporte estrenada en 2014 que permitió a la ciudad valerse más que nunca del título “Ciudad Maravilla”. Dentro de los laberintos de la ciudad, se ve y se juega con la penumbra. Desde arriba, las noches de la ciudad son un entramado de luces en tercera dimensión donde uno se siente minúsculo.
El comercio se extiende por toda la ciudad, irregular, impredecible, vivo y pujante. No hay veleros, quedan pocos lustrabotas. Pero los nuevos comerciantes son personajes aún más complejos de describir, pues transmutan con la mercadería, atentos a nuevas necesidades de los transeúntes. Protectores de pantalla frente a la catedral, artículos electrónicos en El Prado, joyas artesanales en el Monoblock, anticuchos fuera de las discotecas, conciertos callejeros con guitarras eléctricas y saxofones, fresas con crema (hasta la palabra “frutilla” experimenta influencias de la globalización y transformaciones marketeras).
En Sopocachi queda poco de esa arquitectura residencial donde ahora se han erguido enormes y hasta peligrosos edificios, la superficie arbórea quedó reducida en todo el centro, no quedan ríos de los descritos, y la falta de planificación urbana ha creado zonas enteras de viviendas irregulares, barrios con notoria desigualdad social y ha permitido que patrimonio arquitectónico invaluable hoy quede en cenizas. Hoy, el paceño se ve reconocido en Imágenes paceñas, más que en imagen, quizás en espíritu. Pero ese espíritu se aferra, aguerrido, caótico, noctámbulo y artístico.
¿Cuáles son las imágenes paceñas de hoy? ¿Qué escribiría Sáenz y fotografiaría Molina de esas nuevas calles de luces neón, comercio informal y atracción turística? De los nuevos bares, del centro vacío, de los Pumakataris. De una ciudad que busca desesperadamente reintegración, que busca y necesita reconexión cultural y terceros espacios.
Este texto fue realizado en colaboración con Hay Colectivo, una agrupación nueva que nace de la interdisciplinariedad para repensar la ciudad de La Paz. «Arquitectura, diseño, fotografía, arte e investigación se encuentran para imaginar otras formas de construir y hacer ciudad.»
Conoce más sobre el colectivo y su primera actividad «Safari Urbano» para el 15 de julio en sus redes oficiales.












