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Bolivia: la amenaza de lo distinto

Ene 7, 2026

Buenos Aires en los 90: el progreso asomando en cada esquina y una galería de personajes que enseñan sin proponérselo y que atraviesan la pantalla sin interpelarnos del todo. En ese paisaje queda suspendida «Bolivia», la película del director uruguayo Israel Adrián Caetano. El film, nacido de la cooperación argentina y holandesa, narra la historia de Freddy, un inmigrante boliviano que abandona su tierra con la esperanza de buscar “una vida mejor”.

La película es austera, contenida, poblada de pocos personajes y situada casi por completo en una parrilla porteña que funciona como un microcosmos de la época. Allí se cuenta, con crudeza y sin adornos, la experiencia de los migrantes que llegaron a la ciudad en aquellos años.

A medida que avanza la historia, desfilan figuras típicas de la Buenos Aires noventera: taxistas que bordean el vicio como quien bordea una costumbre y hombres de una xenofobia tan cotidiana como feroz, que dejan clara su postura frente a quienes llegan desde otras latitudes.

Freddy trabaja sin descanso; lo vemos aceptar cada tarea con una sumisión silenciosa, siempre agradecido, siempre intentando no ocupar demasiado espacio. Su deseo de proveer para su familia es la fuerza que lo impulsa a cruzar fronteras, y es también el espejo donde descubre lo implacable que puede ser la humanidad cuando se enfrenta a lo distinto.

La violencia en Bolivia no se muestra solo en golpes o gritos; se manifiesta en los gestos, en las palabras, en la mirada que Freddy baja casi automáticamente ante cualquier intento de contacto.

El bar donde trabaja no es únicamente un lugar de comida: es un territorio ambiguo, donde conviven transacciones clandestinas, amenazas veladas y personajes como “Oso”, habitante frecuente del lugar, cuyos principios cambian de dirección con la misma facilidad con que disfraza sus problemas. La película expone así la fragilidad de las jerarquías que se construyen sobre fronteras caprichosas, donde un punto cardinal parece pesar más que la ética.

El film es, en última instancia, una pregunta en movimiento: un recordatorio de que somos, muchas veces, apenas sombras buscando un lugar en un mundo que parece no tener sitio para nosotros. Resuena entonces una vieja cuestión filosófica:

Si en un bosque un árbol cae y nadie lo escucha, ¿hace ruido?

Si una vida se desarrolla en una realidad que no la reconoce, ¿existe la muerte?

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Escrito por Olivia Fischer

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