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El chaku y la sequía frente a lo que Cocapata tiene

Feb 13, 2026

Fabricio Lobaton

Paisaje después de la nevada en el camino a Carmenpampa. Imagen: Fabricio Lobatón.
Entre 2022 y 2025, Cocapata (Bolivia) perdió más de mil camélidos. Las nevadas llegaron en diciembre en lugar de junio, las sequías duraron meses. Las familias intercambian ahora semillas de papa que resisten mejor las heladas, restauran bofedales con técnicas ancestrales, esquilan vicuñas cada agosto. Con un presupuesto municipal de 43.000 dólares anuales para emergencias, las soluciones se construyen con lo que hay.

Ciclos que se rompen

A 130 kilómetros de Cochabamba, entre los 3.200 y los 4.800 metros de altura, el municipio más joven del departamento, Cocapata, ha perdido 40 de sus 100 lagunas en tres años.

La sequía llegó primero, en 2022. Duró meses. Los rebaños empezaron a morir. Tres años después, en septiembre de 2025, ocurrió algo fuera de lo común: nevó cinco días seguidos. Primero sequía, después nieve. Los ciclos que las familias conocían hace años dejaron de funcionar.

Pero en las alturas de Cocapata, la gente sigue trabajando. El Senamhi (Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología), cuyo sistema de alertas fue fortalecido entre 2019 y 2022 con apoyo de la cooperación italiana, emite alertas naranja. Tormentas eléctricas, olas de frío, vientos de 70 km/h. Para hacerle frente a las inclemencias del clima, en los pueblos de Huara Pucara y Altamachi organizan las esquilas de vicuñas. En otras comunidades intercambian semillas de papa que resisten mejor las heladas y restauran bofedales. Algunas familias perdieron la mitad de sus rebaños en tres meses. Lo que se puede hacer, se hace.

En los días de nevada, el tráfico se detuvo. Gabriel Rivas, alcalde de Cocapata, declaró desastre municipal el 4 de septiembre de 2025. La nieve que cayó durante cinco días consecutivos afectó a 22 comunidades rurales de cuatro regiones (Altamachi, Icari, Calientes e Ichoro), donde perjudicó a 672 familias, dejó 671 camélidos muertos y puso en riesgo a otros 8.665 animales. El Ministerio de Defensa, tras realizar su propio relevamiento, elevó las cifras a más de 1.500 animales muertos —que incluían llamas, alpacas, cerdos y otros animales domésticos—, y señaló pérdidas en más de 100 hectáreas de cultivos de papa. Como municipio, en Cocapata no existían recursos suficientes para enfrentar la emergencia, ya que habían gastado su presupuesto en desastres de años anteriores.

Y es que no es la primera vez que la localidad vive una situación extrema. Tres años antes, cuando en diciembre de 2022 la sequía consumió casi la mitad de sus lagunas, la comunidad de Colorados Seque Rancho sufrió incendios forestales que estuvieron activos durante cuatro días. Luego llegó una nevada fuera de temporada. En Putucuni, otra comunidad del municipio, los animales murieron de sed y frío. Algunas familias extrajeron la lana de los camélidos muertos antes de migrar a Quillacollo y Cochabamba a trabajar como jornaleros.

El año 2022 fue el de más baja precipitación de los últimos 12 años en varias regiones de Bolivia. La sequía prolongada que empezó entre junio y julio de ese año afectó a 486.000 familias en siete de los nueve departamentos del país. El fenómeno de La Niña se había instalado en septiembre de 2020; extendió los meses secos y concentró las lluvias en muy poco tiempo. Los cultivos clave para la seguridad alimentaria, como la papa y el maíz, sufrieron retrasos en la siembra. En Cocapata, esos retrasos se convirtieron en pérdida total de rebaños.

Desafíos de un municipio joven

Placa de la construcción de la Alcaldía Municipal de Cocapata en 2012. Imagen: Fabricio Lobatón.

“Nosotros, como municipio, no tenemos recursos suficientes”, dijo el alcalde en 2022. La pérdida de infraestructura productiva en Bolivia no solo interrumpe el normal funcionamiento de las actividades económicas, sino que anula la posibilidad de mejorarlas. El Viceministerio de Autonomías es responsable de calcular los factores de distribución de recursos de coparticipación tributaria a los 339 municipios del país, pero municipios jóvenes como Cocapata —creado hace apenas 16 años— siguen dependiendo de transferencias que nunca alcanzan.

En Bolivia, el presupuesto del sector de medio ambiente y agua en 2024 fue el 0,79 % del Presupuesto General consolidado, el menor de todos los sectores, según un análisis de la Fundación Solón (2023) basado en cifras oficiales del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas. Los sectores de hidrocarburos y energía reciben el 38 % del presupuesto consolidado.

Cocapata tiene 19.608 habitantes según el censo de 2024, dispersos en 120 comunidades rurales de acuerdo con Itaka-Escolapios, organización escolapia que trabaja en el territorio del municipio desde hace años. A nivel nacional, siete de cada diez bolivianos residen ahora en áreas urbanas, un cambio drástico respecto a décadas anteriores. La población urbana creció de 708.000 habitantes en 1950 a 7,8 millones en 2024, mientras la población rural se estabilizó en torno a los 3,5 millones.

En Bolivia, el principal motivo de migración es que no resulta atractivo ser productor agrícola en regiones de montaña donde las condiciones de vida son adversas: escasez de servicios públicos, caminos vecinales, energía eléctrica, agua potable, educación y salud, además de extremas condiciones climáticas con frecuentes heladas y sequías. Los jóvenes migran buscando educación superior, que no existe en sus municipios. Cocapata no es ajeno a esta situación.

El éxodo desde Cocapata hacia la ciudad ilustra una tendencia que está redibujando el mapa demográfico del país. La población rural boliviana se mantiene estable en 3,5 millones de personas, pero el peso de sostener la producción agrícola en zonas de montaña recae cada vez en menos manos. Y cuando las familias regresan —si regresan—, el paisaje que conocían ya cambió otra vez.

Elizabeth Basilia, de Altamachi, parte del directorio de la Asociación de Mujeres Productoras de Altamachi, decidió no irse. La entrevistamos en la sede que la Alcaldía de Cocapata mantiene en Quillacollo —la sede municipal en Cocapata apenas se inauguró y es funcional, pero casi no la usan; lo único fijo allí es su nodo radial—, porque hacer trámites en Quillacollo está más cerca de la Gobernación departamental. Elizabeth tuvo que bajar cuatro horas en camioneta para llegar. “Me quedo por mi familia”, dice. “Aquí está todo: mi casa, mis animales, mi comunidad. ¿A dónde voy a ir? Queremos trabajar, trabajamos, pero no da.” Conoce familias que se fueron y no regresaron. Conoce otras que regresan cada temporada de esquila y vuelven a bajar. La pregunta ya no es solo cómo sobrevivir en Cocapata, sino cuánto tiempo más será posible hacerlo.

Resistencias organizadas sobre una crisis regional

Sandra Mamani, secretaria de Hacienda de la Asociación de Mujeres Productoras de Altamachi, cuenta que en 2024, con apoyo de la Fundación Kurmi-Adsi, pudieron explorar alternativas económicas: fabricar tejido y hacer pan con hornos financiados por la fundación. “No es sustento todavía, pero ayuda”, dice. La resistencia se organiza entre comunidades, pero están muy alejadas. Entre Cocapata, Carmenpampa, Altamachi y Huara Pucara no hay carreteras en buen estado. Cada comunidad tiene su directiva, y reunirse como Asociación de Mujeres Productoras de Cocapata requiere horas de camino en condiciones difíciles.

Simona Montecinos preside la Organización de Mujeres de Cocapata, una asociación de agricultoras que se encarga principalmente de tratar temas de género en el municipio. La organización ha crecido en respuesta a las crisis climáticas y migratorias: muchos hombres han migrado a trabajar en Cochabamba o La Paz, y las mujeres han quedado al cuidado de los animales, los cultivos y la tierra.

Comunarios de Altamachi reciben la personería jurídica de su Asociación de Esquiladores. Imagen: Fabricio Lobatón.

Uno de sus esfuerzos más importantes es la recuperación de variedades de papa. Antes se sembraban 50 variedades en Cocapata, pero se redujeron porque comercialmente solo hay tres dominantes. Sin embargo, para hacer frente a las temperaturas extremas, están rescatando especies resistentes: yana qoyllu, puka qoyllu, kallpa runa y malcacho, entre otras. Las intercambian en ferias. Las guardan en despensas. Cada semilla guardada es un acto de resistencia climática.

Pero resistir implica adaptarse a las diversas condiciones que hay por los distintos pisos térmicos. Romer Payti, director de Desarrollo Productivo del municipio, explica que Cocapata no es un solo lugar: “Está conformado por tres grandes pisos ecológicos: altura o puna, valles y zonas subtropicales”. En las alturas hay papa y camélidos. En los valles, tres cosechas anuales. En el trópico, plátanos, paltas, chirimoyas, café y cacao.

La vicuña de las alturas

Cocapata concentra el 40 % de todos los camélidos del departamento de Cochabamba y es el primer productor del valle. El tesoro de estas tierras es la vicuña de Altamachi, que es la única vicuña silvestre de Cochabamba; pero está en riesgo.

En 2013, una nevada mató 200 vicuñas. María René Pinto, bióloga de la Universidad Mayor de San Andrés, apunta que “lo que vemos en Cocapata no es un caso aislado. Es lo que está pasando en toda la cordillera andina”. Las condiciones extremas y la falta de accesibilidad dificultan muchas cosas, y tampoco hay apoyo gubernamental.

Bolivia cuenta con un Sistema Nacional de Reducción de Riesgos y Atención de Desastres (Sisrade), que coordina desde el nivel central hasta los comités municipales. Sin embargo, la respuesta es lenta debido a trámites burocráticos prolongados. Además, según indica la secretaria de Hacienda de la Asociación de Mujeres Productoras de Altamach, el envío de ayuda enfrenta otro obstáculo: los vehículos de alto tonelaje provocan deslizamientos en los caminos de tierra, lo que complica aún más el acceso a las zonas afectadas.

En un esfuerzo por enfrentar la problemática, durante los días 7 y 8 de abril de 2022, se llevó a cabo en La Paz el encuentro “Construyendo caminos para la vida. Mujeres frente al cambio climático”, donde participaron cerca de 100 mujeres indígenas y campesinas de distintos municipios de Bolivia. El evento fue convocado por la Autoridad Plurinacional de la Madre Tierra con apoyo del proyecto regional Andes Resilientes al Cambio Climático, la Cooperación para el Desarrollo de la Embajada de Suiza en Bolivia y otros proyectos de implementación local. La bióloga María René Pinto, coordinadora en Bolivia del proyecto Andes Resilientes, facilitó el diálogo y señaló que “es fundamental considerar que la toma de decisiones es un criterio clave en materia de género y cambio climático”, además de destacar que las mujeres son agentes centrales porque permanecen en los territorios, conservan saberes ancestrales y producen alimentos, con lo que aportan efectivamente en procesos de mitigación y adaptación ante el cambio climático.

Según el censo realizado por la Gobernación de Cochabamba en 2017, el municipio de Cocapata cuenta con al menos 1.200 cabezas de vicuña. El aprovechamiento de la fibra beneficia a 200 familias de seis comunidades del municipio. A diferencia de las vicuñas domesticadas o en semicautiverio de otros departamentos andinos, las de Altamachi viven completamente libres. Se mueven por lomas y serranías entre los 3.800 y los 4.200 metros de altura, siguiendo los ciclos naturales del pasto y el agua. Solo una vez al año, entre agosto y septiembre, las comunidades realizan la captura ritual para control sanitario y esquila, antes de liberarlas de nuevo. A esa práctica se le conoce como chaku ancestral.

Vicuñas silvestres en los bofedales de Altamachi, Cocapata. Imagen: Fabricio Lobatón.

Esta condición silvestre las hace más vulnerables al cambio climático. Pinto recalca: “Las vicuñas son animales de altura sorprendente, la princesa de los Andes, donde están los bofedales”. Cuando las lagunas se secan o las nevadas llegan fuera de temporada, no hay corrales donde protegerlas. Esa posibilidad de que los ecosistemas colapsen es una amenaza para cientos de familias de la zona, como los miembros de la Asociación de Manejadores de Vicuña, que reúne a 150 socios que viven del chaku ancestral.

A mediados del siglo XX, la vicuña casi desapareció. En 1969 se prohibió el comercio de la lana cuando la población había caído casi hasta la extinción. Un tratado internacional posterior ayudó a reiniciar un mercado legal mientras dictaba que los ingresos derivados de las vicuñas debían beneficiar a los pueblos indígenas andinos. Bolivia y Perú fueron los primeros en firmar este convenio, al que luego se unieron Chile, Ecuador y Argentina.

La fibra más fina del mundo

La fibra más fina del mundo

La fibra de vicuña mide 12 micrones, mientras el cabello humano mide 50. 6 veces más suave que tu pelo.

Vicuña: 12μ
Cabello humano: 50μ

🏷️ De la comunidad a la boutique

$350
1 kg fibra
(comunidad)
🇮🇹
Procesamiento
Italia
$9,000
1 suéter
(Loro Piana)
56%
Exportaciones controladas por Loro Piana
-36%
Caída pagos a comunidades (10 años)
97%
Fibra exportada a Italia
80%

de la población de Lucanas (Perú) declaró que NO se ha beneficiado económicamente del comercio de vicuña, a pesar de 30 años de trabajo con Loro Piana (LVMH).

Para hacerle frente a las amenazas de las temperaturas extremas, los bofedales —humedales de altura que funcionan como esponjas, regulando, almacenando y filtrando el agua— están siendo restaurados con una técnica llamada “champeo”, que consiste en cortar el césped para que rebrote con más fuerza. La Fundación Kurmi-Adsi trabaja con 480 familias dispersas en los tres pisos ecológicos de Cocapata, aunque no todas están vinculadas directamente al manejo de vicuñas. Sus proyectos se centran principalmente en la participación femenina: asociaciones contra la violencia de género, proyectos de agroforestería y asesoramiento en el manejo de vicuñas. El trabajo incluye recuperar bofedales, canalizar agua y reconstruir qochas, que son depresiones que los antiguos excavaban para capturar agua de lluvia. Estas no solo guardan agua: crean microclimas que protegen los cultivos de las heladas.

Costo del Colapso Climático – Cocapata

Costo del Colapso Climático por Año

Cocapata, Bolivia · 2022–2025

Camélidos muertos total
Familias afectadas total
Hectáreas destruidas total
Camélidos:
Familias:
Hectáreas:

Evolución temporal de impactos climáticos · Los picos muestran años de crisis extrema

Fuente de datos:

Elaboración propia según datos de: Los Tiempos (diciembre 2022), Fundación TIERRA (2022), Opinion.com.bo (agosto-septiembre 2025), Agencia de Noticias Fides – ANF (septiembre 2025), Agencia Boliviana de Información (septiembre 2025), IFRC/Cruz Roja Boliviana (2023).

Datos 2022 y 2025 verificados con fuentes periodísticas. Datos 2023-2024: estimaciones basadas en contexto regional.

Una mirada integrada a las montañas

En julio de 2017, durante la Semana de la Montaña, que se llevó a cabo en Colombia, siete países andinos trabajaron en una Agenda Estratégica para adaptarse al cambio climático en la cordillera. Según reportó el medio boliviano La Región en agosto de 2017, los representantes de los Gobiernos de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Perú y Venezuela se reunieron en Bogotá y aprobaron esa Agenda Estratégica con diez objetivos para el proceso de adaptación en las montañas andinas.

María Argüello, directora ejecutiva del Consorcio para el Desarrollo Sostenible de la Ecorregión Andina (Condesan) —una organización que articula esfuerzos de conservación y desarrollo sostenible en los Andes—, señala que: “Las montañas han estado fuera del radar de la política pública por muchos años. Quizás porque siempre se pensó que la región privilegiada de conservación era la Amazonía. Nada menos cierto”.

Y es que, por ejemplo, los bofedales de lugares como Cocapata representan el 3 % de la superficie terrestre, pero contienen el 19 % del carbono de los suelos del planeta. Además, los glaciares andinos tropicales se redujeron 42 % entre 1990 y 2020. El Chacaltaya, por ejemplo, desapareció en 2009. De estas masas de hielo proviene el 15 % del agua de La Paz y El Alto —con 2,3 millones de habitantes.

El modelo climático PRECIS proyecta que el territorio boliviano enfrentará un aumento promedio de temperatura de 4,4 °C, con incrementos máximos en el Altiplano Sur y mayor riesgo de inundaciones en las tierras bajas amazónicas.

Cocapata está en la transición entre ambas zonas. Experimenta lo peor de ambos mundos. Pero las soluciones desde arriba llegan despacio. Mientras tanto, las redes de semillas siguen circulando yana qoyllu y malcacho, la Asociación de Manejadores de Vicuña sigue gestionando las vicuñas de Altamachi y las esquiladoras realizan el chaku cada agosto y septiembre.

*Reportaje ganador de beca de la iniciativa Get Ready for the COP 2025, de DW Akademie.*

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