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No vamos a estar tranquilos mientras nuestro río esté en riesgo

Jun 26, 2026

Fotografía: Claudia López

Barbarita Mesa Valdés nació junto al río Chiquiacá, en el corazón de Tariquía. Lo que comenzó como la preocupación de una madre y comunaria por el futuro de su territorio terminó convirtiéndose en casi diez años de resistencia frente al avance petrolero. En esta conversación reconstruye ese periodo de su vida: el descubrimiento de lo que está en juego, el aprendizaje de sus derechos, el costo personal de la defensa y la certeza de que proteger el agua es también defender la vida de su comunidad.

Entrevista: Leni Flores Espinoza

Yo he nacido allá, cerca del río

Mi nombre es Barbarita Mesa Valdés, soy vicepresidenta del Comité de Defensa del cantón Chiquiacá, que está dentro del área protegida de Tariquía.

Antes de que sea defensora de Tariquía yo tenía mi hijita y era madre soltera. Me dedicaba a ella, vivía con mi papá, mis hermanos y me dedicaba a ser ama de casa. Pero ahora sí ha cambiado mi vida, he sido una de las mujeres que ha iniciado la defensa en el cantón Chiquiacá.

Yo he nacido allá, cerca del río. Quiero que se mantenga así porque yo cuando era niña sabíamos ir a jugar en esa agua tan cristalina, tan linda. Incluso nosotros nos bañamos ahí y lo tomamos porque no es un agua que está contaminada.

Bueno, lo que yo te mostraría es la vivencia de nosotros las comunidades, porque no solamente, digamos, hay plantas, también hay animales, o sea también hay tierras. Son tierras fértiles donde produce todo. Produce maíz, produce maní, produce yuca, camote y todo lo que es hortaliza, tomate, produce morrón, papa, producimos también caña. Todo, en realidad, todo lo que ponemos produce.

Todos los comunarios, también yo, los que vivimos allá cultivamos eso.

Son campos así de pasto donde son grandes las pampas y ahí hay animales. Es bonito.

Allá hay muchas especies de animales. El jaguar, por ejemplo, ellos viven donde las montañas. Nosotros no lo vemos porque también es un poco peligroso, entonces poco lo ven. Nosotros los animales que más vemos es al quirquincho y al cuti, que nosotros le decimos.

Todos los que van nos dicen: “Qué lindo Chiquiacá. Ustedes viven en un paraíso”. Toda la gente que va, nos visita en Chiquiacá, dicen que es muy lindo y cuando van conocen cómo es Tariquía, la gente dice: “Hay que defender”, y se suman. O sea, no físicamente, pero siempre están compartiendo nuestra lucha y todo eso y están apoyando moralmente también. Y también lo que ellos se asombran, también lo que yo te mostraría, es la riqueza de agua que tiene Tariquía.

De lo que ellos prometieron, nada se ha cumplido, dividieron comunidades

La verdad que es muy duro, muy duro porque tenemos que enfrentarnos a un monstruo, como se dice, al gobierno, al gobierno y a la empresa Petrobras, que son empresas transnacionales. O sea, es bien grave. Y que uno solamente sea una ama de casa, imagínense.

La vida de mí ha cambiado desde ese entonces. He llegado a entender de que si nosotros, por ejemplo, no defendemos donde nosotros vivimos, que es el agua, o sea, nuestras tierras…

¿Por qué yo le cuento esto, por qué nosotros nos hemos sumado a la lucha, a la defensa de Tariquía, a la defensa del agua, a la defensa de nuestras tierras?

Es porque nosotros hemos visitado la provincia de Gran Chaco, que es vecina de nosotros. Dijimos: “Vamos a ir a ver, a convencernos, para ver cómo queda”. Obedecimos esa invitación que ellos nos hicieron.

Nosotros hemos ido porque ahí se ha explorado y explotado más de cincuenta años. O sea, otras personas nos decían, nos contaban, hemos decidido ir y hemos ido, y de verdad había sido así. Hemos ido como veinte personas de las comunidades.

Hemos visitado a esas comunidades de Caigua, donde ellos nos contaban, la gente de ahí, de que las petroleras primero entran hablando bonito, ofreciendo trabajo.

“Va a haber desarrollo, la vida de ustedes va a cambiar, van a tener agua potable”. Porque el Chaco sufre de agua.

Entonces nosotros hemos visto con nuestros ojos de que el agua de ellos estaba contaminada, estaba filtrando petróleo. El agua era… o sea, todo se veía negro, las piedras, o sea, nada que ver como ahorita nosotros, nuestro río es clarito, el agua, las piedras tienen su color natural.

Hay pescado, hay muchos, muchos bichitos, digamos, hay en el río Chiquiacá, en las quebradas, pero allá no se veía nada de eso.

Para nosotros ha sido un terror ver, digamos, cómo filtraba el petróleo en sus aguas. Y eso es lo que contaban los comunarios: de lo que ellos prometieron, nada se ha cumplido, dividieron comunidades.

Ellos nos contaban de que sus aguas no lo pueden consumir, pero ellos se obligaban a consumir porque ellos no tienen agua. Y las mujeres embarazadas, sus niños nacen con cáncer, deformes, con enfermedades. Y también los animales, igual sus crías ya no nacen así, o sea, como tienen que nacer bien. Tomando esa agua igual, dice que sufren, nacen deformes, o las vacas lo tienen antes de tiempo, ya no se puede criar. Y sus tierras también, como el agua está contaminada, o sea ellos riegan con esa agua, pero ya no produce.

Igual nos contaron que la gente de Caigua está emigrando a otros países, a otros departamentos porque no les queda de otra. Todos hemos visto eso. Nos mostraban: “Mira, esa casa está abandonada, aquella igual”.

Y ahora, estábamos hablando con ellos, están abandonando, están quedando comunidades sin gente.

Entonces nosotros hemos dicho: “Wow, si nosotros dejamos entrar vamos a sufrir lo mismo”.

Ellos nos decían que primero van a dividir las comunidades y luego ellos van a ingresar, y eso es lo que ha pasado. Todo lo que ellos nos han dicho. Primero hablan bonito y luego entran con mentiras.

Nos han dividido igual a nosotros.

Entonces yo dije: “No, en Chiquiacá hay que luchar, hay que informar a la gente”.

Y además que no van a dejar las aguas contaminadas y todo eso. Entonces de esa manera nosotros hemos dicho: “Vamos a defender, no vamos a permitir que ingrese la petrolera”. Porque imagínense, somos más de dos mil familias que vivimos de la agricultura, de la ganadería y de la apicultura. Ese es el sustento, esa es nuestra labor, nuestro trabajo de nosotros.

Nosotros regresamos, hicimos una reunión con todos los compañeros que hemos ido, informamos a qué hemos ido a Caigua y luego la gente decidió defender. Mi comunidad, que es Pampa Redonda, hizo un voto resolutivo en rechazo a la empresa.

Entonces yo dije: “Ay, gracias a Dios la gente nos escuchó, nos hicimos entender”. Gracias a Dios que se sumó la gente y ahora ya no estamos solos. Al ver ese apoyo de ese voto resolutivo, dije: “No somos solos y tenemos que enfrentar, tenemos que luchar”.

Y luego también coordinamos con las demás comunidades para ir y hacer frente, porque la empresa ya hizo la consulta a la comunidad que es de Chiquiacá Norte y ahí también ya dividió. Desde un inicio la empresa dividió a esa comunidad.

Y también hicieron firmar, supuestamente hicieron su consulta, hicieron firmar diciéndoles que… o sea, por un refresco, por la comida que les ha dado. Así con engaños. Y también hicieron, digamos, al fin de que la gente dé su firma y les apoye, han traído garrafas, esas cocinas pequeñitas. Así estaban comprando la conciencia ya de la gente.

Fotografía: Claudia López

No ha entrado por la puerta

El 2019 ellos han entrado solamente a tomar en cuenta a una comunidad donde estaba el pozo, pero ellos no han tomado en cuenta todas las comunidades. Somos diez comunidades que estamos adentro.

La Constitución Política del Estado le ordena a cualquier empresa que quiera ingresar que tiene que hacernos la consulta previa, libre e informada, y eso es lo que la empresa no ha hecho, no ha cumplido. No ha entrado por la puerta.

La primera vez que les vi en Chiquiacá habíamos ido con un grupo de catorce personas y ahí sí lo vi por primera vez a la empresa Petrobras, acompañada con YPFB. Por primera vez en Chiquiacá. Eran muchos, eran algo de unas treinta personas, trabajadores.

Bueno, nosotros… ahí fue donde yo vi por primera vez a ellos. Estaban vestidos de anaranjado, con sus cascos. Teníamos un poco de miedo, pero igual hicimos… o sea, estábamos acompañados. Éramos más mujeres que hombres, creo que eran tres hombres, cuatro, y los demás éramos mujeres. Como diez mujeres.

Dijimos: “Le vamos a notificar que se retiren porque ellos no tienen ningún permiso para ingresar”.

Entonces hicimos una nota con un solo sello y nosotras firmamos, todos los que estábamos ahí, y le notificamos. Y gracias a Dios nos obedecieron. Se bajaron todos. Y luego, bueno, así siguió la defensa. Ya mire, hace casi diez años y seguimos nosotros en esto.

Antes yo no sabía leer la Constitución

Antes yo no sabía leer la Constitución, poco me interesaba, digamos. Como uno no está enterado de nada… o sea, uno cuando tiene, digamos, yo por ejemplo en ese entonces tenía veinticuatro, veinticinco años, o sea, a uno no le interesa lo que pase, basta que uno esté bien, no le interesa.

Pero he tenido que a la fuerza aprender, leer para poder hacer frente a todo esto, aprender nuestros derechos, para que el gobierno respete nuestros derechos.

Hemos tenido que dejar nuestros hijos. O sea, yo dejaba también mi hijita y así como yo dejaban otras mujeres también, otras madres también dejaban a sus hijos. Los hombres también dejaban su trabajo.

Entonces para mí ha sido muy duro, muy duro enfrentar. Teníamos que ir a hacer notificaciones a la empresa porque la empresa ya estaba trabajando. También hemos hecho vigilias, vigilias pacíficas, hemos hecho marchas, hemos hecho cabildos.

Más que todo estar a la cabeza de todo eso. Aparte de uno, digamos, tiene sus obligaciones como mujer en la casa y también ser madre y también estar en estos problemas que son grandes.

Yo ahora me pongo a pensar cómo teníamos nosotras las valentías, las mujeres, para enfrentarse a un gran poder. Hemos sufrido el frío, el calor, hemos hecho ciento cincuenta días de vigilia. Entonces ahí es donde yo dije: “Voy a leer la Constitución Política del Estado, voy a aprender y voy a exigir”.

¿Por qué nos dejas? Que vayan otras personas

Mi hija me ve de que todo el tiempo tengo que estar agarrando el teléfono, contestando llamadas, muchas veces también a la prensa.

“La empresa está ingresando”. Y ya me llaman el uno, el otro, para ver qué vamos a hacer, o también avisándome que la empresa está ingresando.

Entonces ella ve que también la abandono mucho. Mi hijita se quedaba con mi papá. Ella me decía: “Mamá, ya no te vayas”.

Yo la dejaba llorando.

“Mamá, no te vayas. Si no, llévame”.

Y siempre estaba pendiente del teléfono.

“Mamita, venite, yo quiero estar con vos”.

O sea, era grave, era duro.

Sí o sí yo me tenía que obligar a salir.

Me partía el alma dejarla llorando. Además que ella sufría una enfermedad, tenía un reflujo muy fuerte, creo que ha llegado a tener asma. Y yo, pese a eso, le tenía que dejar. O sea, era grave para mí. Como mamá dejar. Y mire que ahora igual ya tiene catorce años y sigo, sigo.

Entonces ella ya me dice: “Mamá, dejalo. ¿Por qué nos dejas? Que vayan otras personas”. Ya tiene su hermanito. Tengo un niño de cinco años y ahora también mi hijito le dejo. Y para mí es triste porque cuando ingresó nuevamente la empresa mi hijito tenía tres años. Entonces yo me he obligado a quitarle mi pecho para yo salir a vuelta, hacer resistencia, estar junto con mis compañeras y mis compañeros de frente de nuevo.

O sea, yo hay veces me pongo a pensar…

Y ahora igual, mire, con el recorrido que hicimos para los foros, estábamos seis días, cinco días, igual mi hijo me dijo: “Mamá venite. ¿Por qué nos abandonas?”

“Vos no nos quieres”.

He tenido miedo en algún momento

Claro, porque hay que enfrentarse con un gran poder, que es el gobierno, que son, digamos, las empresas transnacionales. Entonces imagínense yo, que soy solamente una persona de a pie, una persona sencilla, que no contamos con muchos recursos, solo tenemos para sobrevivir.

He tenido miedo en algún momento. Porque ellos nos contaban la experiencia, Colombia, el Ecuador… yo me recuerdo que ellos nos contaban de que incluso les asesinaban a los dirigentes, les asesinaban. Y también les metían presos. Hay veces, dice que hasta a sus propios hijos les hacían algo. Entonces, o sea, ser mamá… no se trata de uno nomás, no se trata de uno mismo, se trata de tu hijo, de tu familia también alrededor.

Entonces eso es lo que muchas veces tenía miedo. En ese momento yo leía la Biblia. Ponía toda mi vida, la vida de mi hija, la vida de mi familia para seguir adelante.

Y eso me ha dado fuerzas.

Había dirigentes que han empezado siendo defensores, han estado desde un inicio y luego se han retirado. La empresa les ha hecho cambiar de idea.

Nosotros hemos sufrido acosos. Hay veces la misma gente nos hacía tener miedo. Muchas veces ellos nos decían que nosotros hemos recibido plata, que por eso estamos yendo, que esto, que lo otro. Entonces yo me sentía mal. Pero yo al final dije: “Yo sé lo que estoy haciendo. Solo Dios sabe lo que yo hago”. Y bueno, seguir adelante.

He dado parte de mi vida

Ya es imposible para mí dejar esta lucha. Es imposible porque yo he dado parte de mi vida. Y siento que si abandono, o si nosotros abandonamos, esta lucha va a ser perdida. Los diez años de sacrificio van a ser perdidos. Y lo único que pedimos, tenemos la esperanza en Dios de que podamos ser escuchados y de que la empresa ya no vuelva a ingresar nunca más.

Porque también queremos vivir en paz.

De ya no estar preocupándose que nos llamen: “La empresa está entrando”. Y luego vuelta a movilizarnos para salir otra vez, dejar nuestros hogares, nuestros hijos.

O sea… es bien duro, bien duro.

Hace poco también hemos tenido que ir a una audiencia en Entre Ríos. El ocho de mayo. Hemos salido desde Chiquiacá para acompañar a doce defensores de Tariquía que estaban acusados de asociación delictuosa y obstrucción del trabajo por haber defendido nuestra reserva y nuestras aguas. Y no hemos ido solos. Los comunarios nos hemos acompañado.

La verdad nosotros pensábamos que el juez iba a apoyar a la petrolera. Pensábamos que iba a ser difícil. Pero gracias a Dios han absuelto a los doce defensores. Ha sido una alegría, después de tanta preocupación, de tantas audiencias suspendidas, y de estar pensando qué iba a pasar.

Pero ha durado poco. La petrolera ha apelado la anterior semana. Entonces sigue el proceso. Seguimos todavía con esta preocupación. Seguimos esperando. Y así es. Hay veces uno piensa que ya terminó una cosa y vuelve otra vez. Pero seguimos firmes. No vamos a estar tranquilos mientras nuestro río esté en riesgo.

Nosotros vamos a seguir alertas. Seguimos de pie en la defensa.

Fotografía: Barbarita Mesa

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Escrito por Casa de Nadie

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