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Sonidos de la guerra III

May 29, 2026

Mayra Rojo

“¿Cómo suena la guerra para ti?” Fue una pregunta que les hice a varias personas y les pedí que me enviaran un audio. Solo recibí el de mi sobrino Adrián, que decidió hacer un ejercicio imaginativo-vocal. Una exploración de los sonidos propios que emergen del cuerpo.

Vocalizaciones de Adrián Rojo Sandi, México: 12-03-26.

I.

Mientras esperaba el verde del semáforo, los autos pasaban a velocidad para ganarle a la señal roja del alto:

fffzzzfffzzzfffzzzfzzzzzfzzzz

fzzzzfzzzzzfzzzzzfzzzzzzzzz

fffffzzzzzzffffzzzzzzfffffzzzzz

Le pregunté a Josefina Gómez, mi mamá:

— Si tuviera que ir a la guerra ¿Qué arma llevaría?—

Primero objetó

—Ya soy viejita para ir a la guerra—

Después de un breve silencio su segunda respuesta fue:

—Que me den una pistola—

Le pregunte si mi abuelo le había enseñado a disparar la escopeta y respondió que no.

Formuló su tercera respuesta:

—Como no sé tirar, entonces que me den

un machete; con ese sí me defiendo—.

Los autos pararon y crucé la avenida mientras seguía con la conversación hipotética con mi madre y su participación en una guerra. 

—Oiga pero si el enemigo lleva pistolas

¿usted que va a hacer con el machete?, pistola mata a machete—

Ella astutamente tomó unos segundos y respondió:

—Si, la pistola es mejor pero con el machete,

yo me escondo, y cuando vea que saca la pistola le corto la mano—.

Terminó su respuesta con una risita victoriosa.

Hoy que le pregunté sobre esa conversación, me pidió que se la volviera a contar porque ya no se acordaba. Se la repetí y cuando escuchó sus palabras, alcanzó a santiguarse y decir:

—Ave María, ¿cómo pude decir eso?—

Se escuchaban las risitas y murmullos de mi hermana.

¿Por qué a mi mamá le es familiar un machete para defenderse? Esta es una pregunta que se entreteje con la memoria histórica de los movimientos populares y la cultura material del trabajo en el campo. En esta breve conversación, que partió de un ejercicio imaginativo, subyace la latencia de las memorias fuera de las ciudades y con ello de un mundo sonoro entre cuerpos y territorios que no siempre forma parte de la cotidianidad urbana. Porque, de una u otra forma, nuestra existencia es acaparada por la materialidad industrial y la ideología del progreso en la que crecimos mientras el mundo se globalizó. Lo que supone la omisión de otras realidades. Sin embargo, vale la pena identificar que la potencia imaginativa, al interrumpir en lo habitual, suele empujarnos a reflexionar el estado material y subjetivo en que nos encontramos respecto a las guerras y las luchas cotidianas y populares. Por tanto, en la defensa del bien morir y vivir.

Descifrar la presencia del sonido del machete implica identificar que la noción y práctica de lo que llamamos revolucionario también se importó y requirió de la introducción de técnicas en un medio material, territorial y social en el que, en principio, le eran ajenas (Carme Pardo Salgado, “Voces de la memoria: fotografía y sonidos de guerra”, 2017), como fue el caso de los países colonizados de América.

En México, el machete es significativo porque lo vimos levantarse en alto, en las manos del Frente por la Defensa de la Tierra de San Salvador Atenco. Sacarlo a las calles en la Ciudad de México fue recordarnos que todavía existía el trabajo en el campo, que verduras, frutas y legumbres tienen un lugar de procedencia especifico y no muy lejos del pavimento que caminamos diariamente. (Al-Dabi Olvera Castillo, “Hacia la restitución de tierras en Atenco: que vuelva a nacer el ejido”, 2023).

Mientras, escuchábamos el sonido metálico del machete pasar por el adoquín de las calles del centro histórico:

kiiiiighhhh kiiiiiggggghhhh kkkkkkiiiggghhhhh

kiiiggghhh kiiiiggggghhh kkkkkkiiiiiggggghhhh

Irrumpía el reclamo a gritos:

¡Ni hoteles, ni aviones; la tierra da frijoles!

¡La tierra no se vende: se ama y se defiende!

Las represiones de 2001 y 2006, los movimientos sigilosos de venta y expropiación de tierras de 2014 a los pueblos de Atenco no solo son memoria social, los machetes no son solo un eco de hace más de 20 años, los machetes todavía suenan entre haciendas y megaproyectos. Pero, ¿será que los escuchamos? ¿Será que somos capaces de escuchar esa persistencia de los pueblos?

Conversación con Raúl Zibechi, “Sobre el sonido”, 06-05-26.

II.

¿Somos sordos o simplemente nos negamos

a escuchar la revuelta de los pueblos porque

la práctica de lo común nos es ajena?

Me surgió una duda sobre la sordera y concerté una charla con Raúl Zibechi, pensé que él debía escuchar mejor que yo. Tengo un oído débil, pero una cosa es nacer sorda y otra, muy distinta, hacernos los sordos: necesitar imponer un “código común” para entender lo que sucede a nuestro alrededor. Civilizar el habla de quienes no hablan como yo para que yo pueda escucharlos. Pero…

“Los sonidos no se pueden leer ni tener

un intermediario que los interprete.

Tienes que escuchar directamente…”

Dijo Raúl

Los sonidos de la persistencia de los pueblos requieren movernos, no solo los ojos a través de la pantalla, sino en la materialidad misma de los territorios. Por ello, para escuchar apela también al tacto, porque el sonido, no sólo atiende a las orejas sino a un fenómeno más complejo que es la resonancia que se crea por y en los cuerpos.

III.

¿Cómo se escuchan las luchas de los pueblos? Pregunté.

—El ruido de las bombas y los bombardeos

hace muy difícil que se escuchen a los movimientos populares—

Respondió Raúl.

Pasaron algunos días, regresé a escuchar la grabación y pensé en la relación entre el ruido y la geopolítica, de la que habló Zibechi:

Conversación con Raúl Zibechi, “Sobre ruido y geopolítica”, 06-05-26.

Y el problema en sí mismo no es el ruido, sino las altas frecuencias que pueden desarticular la experiencia sensitiva. Es decir, cuando el fenómeno geopolítico de las guerras actuales centraliza la atención y la escucha, propicia un acaparamiento analítico, material y simbólico en torno a la economía, cuando el conflicto tiene muchas más aristas y capas que se han ido juntando en la historia de las luchas de los pueblos. Esto conlleva a acumular la atención global hacia un elemento, con el fin de especular desde la dinámica virtual, discursiva e inmediatista, que conduce a la inacción y separación cada vez más aguda de la materialidad y la densidad de aquello que existe más allá de la pantalla y del discurso.

Eduardo Galeano preguntó: “¿Cuántas personas deben ser destripadas por guerra o terremoto, o ahogadas por inundación, para que algunos países sean noticia y aparezcan por una vez en el mapa del mundo? ¿Cuántos espantos debe acumular un muerto de hambre para que las cámaras lo enfoquen por una vez en la vida?

El mundo tiende a convertirse en el escenario de un gigantesco reality show. Los pobres, los desaparecidos de siempre, sólo aparecen en la tele como objeto de burla de la cámara oculta o como actores de sus propias truculencias.” (Eduardo Galeano, “¿El derecho de expresión es el derecho de escuchar?”, 1998).

IV.

Cuadro en proceso sobre sonoridades entre contextos preindustriales e industriales

Sonidos pre-industrialesSiglo XVI-XVII en el proceso de colonización en AméricaIndustrialización, Siglo XVIII-XXSiglo XXI
Movimiento de los cuerpos en el campo de batalla.Sonidos artificiales tecnológicos/máquinas impulsadas por reacciones físicas y químicas.La producción sonora está dada por la presencia de las máquinas y no por el hombre. Armas nuclearesArmas silenciosas, armas de energía dirigida, sistemas de radiofrecuencia. Armas nucleares.
Gritos, lamentos, relinchosGritos, lamentos, relinchosGritos, lamentosGritos, lamentos
Sonidos artificiales técnicos: construcciones, trabajos y oficios. Y actividades sociales (mercados, tabernas, etc.)Traza urbana y maquinaria pesada de las fábricas
Sonidos de animales, plantas, fenómenos climáticos (lluvias, truenos, vientos, etc.), espacios geográficos (ríos, mares, selvas, etc.)“Oído nocturno” como el que se infiere de la crónica de Bernal Díaz del Castillo al llegar a América. Aves, agua, fenómenos geológicos (volcanes)“El silencio de la guerra”
Campanas, instrumentos musicales como trompetas y tambores. Escudos, espadas, carretas, flechas, ballestas, lanzas, estallido de la pólvoraCaballería, armas de fuego, cañones, flechas, lanzas, piedras.Aviones, misiles, hélices, alarmas, bombas, tanques, cañones antitanque, submarinos, granadas, fusiles, pistolas, gases, computadoras, internet.Bombas, drones, tanques, DragonFire (arma defensiva basada en láser), pulso de ondas de radio dirigida, granadas y misiles supersónicos, computadoras, internet, IA.

Fuentes consultadas: “La guerra y sus sonidos. Testimonios de la sonoridad en la Batalla de Crécy, 26 agosto 1346” José Francisco Vera Pizaña, 2021; “Las nuevas armas que cambiarán la guerra del futuro y acabarán con el dominio de los drones”, Matthew Powell, 2025; Historia Verdadera de la conquista de la Nueva España, Bernal Díaz del Castillo, 1632.

Este cuadro, todavía inconcluso, tiene la intención de mediar la dificultad de clasificar por bloques temporales los procesos de desarrollo tecnológico bélico a la par de transformaciones territoriales y luchas sociales sin perder la complejidad de las relaciones y continuidades entre sí.

La densidad sonora en el contexto de las guerras —particularmente las que corresponden al modelo industrial europeo y norteamericano— demanda descomponer los modelos de interpretación histórica para dar pie a enfoques híbridos y otras sensibilidades, ya que la idea de “Guerras floridas o rituales” (Xochiyáoyotl) del pueblo mexica demanda un desplazamiento semántico e histórico.

Este primer ejercicio de identificación de las capas sonoras y tecnológicas en torno a las guerras y las luchas sociales me tomó por sorpresa, igual que la irrupción de las recientes movilizaciones multisectoriales en Bolivia, que, a decir de María Galindo, “es potente porque no tiene ni dirección única, ni mando, ni cabeza visible única.” Pero tiene una composición “del movimiento indígena de tierras bajas que solicitó la abrogación de la ley con un campamento en el centro político de la Paz; movimiento campesino de las provincias del altiplano paceño: […] de corte nacionalista étnico […]; organizaciones de transportistas […], maestras y maestros rurales y urbanos, cooperativistas mineros e inclusive organizaciones vecinales de la ciudad de El Alto.” (“Los movimientos no somos la pelota entre el viejo progresismo y la derecha”, María Galindo, 19-05-26).

En la complejidad de identificar el desarrollo tecnológico no puede omitirse que la importación de armamento bélico suena entre piedras, explosivos y q’orawas —instrumento de autodefensa aymara (Pablo Mamani, publicación Facebook, 19-05-26)—. Y mientras surge el grito y los cuerpos cuerpos se amotinan, también la revuelta pone en cuestión el paradigma revolucionario, este que sigue creyendo en la vanguardia, está en los límites de su operación simbólica y emerge la búsqueda de otras posibilidades organizativas, ideológicas y tecnológicas que fisuren la estructura jerárquica y expectativas de piramidales. (Día 5 – Semillero “De pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores” y “El achatamiento de la pirámide militar zapatista”, Raúl Zibechi, 2025-2026).

V.

Conversación con Raúl Zibechi, “Sobre la pirámide”, 06-05-26.

¿Será que el sonido nos abre una puerta para descomponer la estructura jerárquica piramidal, sostenida e interiorizada a lo largo y ancho de los estados-nación y la identidad unívoca? Pero ¿y si lo que debiéramos descomponer no es la forma en sí misma, sino el sistema de interpretación y las relaciones que de él han surgido y que hemos perpetuado hasta ahora como sociedades neoliberales?

Capaz que no hay una forma para sustituirla…

Recuerdo que Raúl comentó.

Y… ¿qué tal que le quitamos la punta a la pirámide? Entonces, ya no serían pirámides, sino basamentos que se van formando por capas y escalinatas que van y vienen como el eco del quetzal. Desde la arqueoacústica se plantea que el «fenómeno sonoro y auditivo debe entenderse en varios planos, es necesario tratar cada uno de éstos y sus relaciones.” (Clara Garza, Andrés Medina y otros, “Arqueoacústica maya. La necesidad del estudio sistemático de efectos acústicos en sitios arqueológicos”, 2008). Porque es precisamente en las relaciones entre pueblos y territorios y su reinvención donde opera la posibilidad de desajenar la escucha.

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Escrito por Mayra Rojo

Artista audiovisual e investigadora, actualmente desarrolla proyectos cinematográficos en el campo del documental experimental, combinando exploración sonora, archivo, tecnología y materialidad de la imagen. Trabaja con la figura del monstruo como eje medular de su perspectiva crítica y artística. Su statement es: Yo soy un monstruo.

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