Valentina Gonzales Aramayo Huanca
Tenía 12 años cuando me compraron mi primer celular. Era rojo, un típico celular de tapita. Al día siguiente llegue al colegio feliz mostrando mi celular nuevo con el que ya podía mandar mensajes a mis amigas. Generalmente usaba el teléfono fijo, pero había cierto estatus en pagar 20 centavos para enviar un: hola 🙂.
Con el paso del tiempo tuve otros celulares, mis favoritos fueron los Sony Erickson, porque venían con cámara incorporada y otras funciones que para la época era muy novedoso. Yo andaba feliz con cámara en mi celular. Hasta que me preguntaron si tenía whatsapp. Si había recibido los toques en Facebook. Si tenia B612 y si había visto los videos de Hola Soy German.
Y lo que tenia quedo totalmente obsoleto en cuestión de meses. El mismo entorno empezó a generar necesidades donde antes no las había, la tecnología avanzo tan rápido que ahora el wifi es tan necesario como tener agua potable, un celular con una ram y memoria considerable es el pan de casa y whatsapp, Instagram, tik tok y alguna inteligencia artificial son las charlas cotidianas con tu familia.
Adentro de estas cajitas de silicio, cobre, estaño, litio, cobalto, aluminio, tierras raras, vidrio y plástico; está todo. TODO. Y más.
Un poco a la fuerza, un poco sin consultarnos; la tecnología se ha vuelto nuestra dueña y señora y como relación simbiótica y de cooperación necesitamos de ella para vivir en tanto que ella nos necesita para lo mismo; en un ciclo sin fin de cargar, dormir, conectarte, cagar, dar like, comer, seguir, comentar, existir y nunca pero nunca apagar.
Con el tiempo meterme a los comentarios se volvió parte modo de conducirme en internet, siento que es la parte mas humanizada del contenido en línea. En los comentarios nadie se esconde, aparentemente nadie tiene miedo, no hay tantas reglas, no hay tantas restricciones. Solo el humano siendo animalmente humano.
Y es una invitación que te abre las puertas: “Comenta” en Facebook. “Agrega un comentario” en tik tok. “¿Qué opinas sobre esto?” y “únete a la conversación” en Instagram. Con esta calidez, sin siquiera pensarlo, muchas veces lo haces, y te conviertes en participante activo de internet.
Si el contenido en plataformas es potencialmente infinito, los comentarios son por lo menos 100 veces más. En ese mar del scroll las caras y los contenidos se desdibujan hasta ser un zumbido amorfo en nuestras retinas. Y en esa despersonalización/desrealización dejamos de entender al otro.
Solo existo yo.
Solo existe mi cerebro.
Y se vuelve un juego. A ver quien se gana. A ver quien es más sabio. A ver quien tiene la razón:
Quien se apunta para salir contra los bloqueadores y nos llevamos unos machetitos para rebanar indios
Más cajones he dicho 😎👌 …ya salen los cara chuños ……
Les dieron su botella de alcohol y dos panes…
Ajajaj… estos collas de mierda ridículos.
Puro salvajes
Una masimula menos
A quien le importa el se lo busco
Es ilegal pensar para estas lacras?
Ignorante llama
No son humanos, son simios azules .
Primero que se bañe
vuelvan a sus cerros
Que bloquee en el limbo xD
Yo no soy el que aun cree que el sol es un dios, le rinde culto a la tierra, evo y las piedras 😝Hay que ser cabeza de adoquin para hacer eso.
Ricos Sacos de entrenamiento estás Alpacas😎👌
Para que le dan trago a la llama
URGENTE SE DEBE DE EXTIN GUIR A ESTA GENTE
Hasta acá huele a ssobaco!!
Con un avión de combate todos esos ya están con san Pedro
Ya vayan a limpiarlos de una vez 😝😝
Aparte de chutear que mas hace ese pueblo 😂
Que les metan plomo a todos
ESOS IN…DIOS DE MIER…DA SE PASAN, NECESITAMOS A UN BANZER PARS FRENAR A LOS SALVA…JES
Bloqueadores ignorantes de mierda, ya de una vez bal4 contra estas bestias.
La ignorancia…
Nos necesitamos para existir.
Ella me despierta cada mañana, yo la cargo toda la noche.
Y ambas miramos el mundo a través de una aleación de metales, vidrio y plástico.













