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Vive y deja vivir

Jul 31, 2026

Valentina Gonzales Aramayo Huanca

Advertencia de temática sensible: suicidio

La primera vez que vi un cadáver, fue el de mi amiga. Se suicidó por la tarde. Yo no sabía. Por la noche la esperaba, no había sido un buen día y recuerdo pensar que cuando la vea todo iba a mejorar. Nunca llegó. Su mamá llamó para avisar y después la vi dentro del cajón blanco.

Nunca supe cuáles fueron sus motivaciones para tomar la decisión de simplemente dejar de ser. Pero no pasaría mucho tiempo para entender el porqué alguien podría tomar la decisión activa y consciente del cuándo morir.

Desde entonces, comencé a ver a través de la ventana hacia el infinito vacío de un mundo repleto de todo, mientras el dolor físico de la vida crecía día con día. Lo fácil que sería tan solo ponerle un punto final. Lo difícil era el trayecto entre la idea y la acción, la kilométrica distancia entre ese punto A al siguiente punto B y las posibles consecuencias.

Así se quedó, en una idea que iba y venía con el viento, con los años.

El tiempo pasó, crecí, comprendí, comencé a vivir y habitar un lugar en el mundo.

De las primeras lecciones que aprendes es a aceptar, aguantar y sostenerte a ti misma, porque nadie más lo hará por ti. Entonces aceptas quien deberías ser, donde deberías estar y que se supone que deberías decir; aceptas el rechazo, la violencia, la indiferencia y la injusticia. Te aguantas aplastada en el transporte público, el hambre, la gasificada, que no valoren tu trabajo, los sueños que postergas, el olor a basural de las esquinas; te aguantas la risa, el llanto, el grito; te aguantas en silencio con la cabeza gacha con la idea de que no es tu problema entonces no debe importarte. Aprendes a mirar hacia la izquierda y nunca a los ojos.

Hasta pareciera que no pasa nada cuando tus sentidos están tan adormecidos entre el scroll infinito, satisfacer necesidades y ponerte el avatar de ciudadano promedio en una urbe que parece apretarte e incluso extirparte. Entre veredas llenas de cráteres y obstáculos, calles llenas de escapes, cables que tratan de agarrarte; vas esquivando cuerpos sin rostros ni nombres. Solo existes tú, frente a una avalancha de estímulos que buscan también habitar para ser vistos y una hiperconectividad que no puedes procesar y que continúa creciendo todos los días.

Buscando pertenecer y ser parte de algo, desarrollas tu vida y alimentas el algoritmo y aun así sigue existiendo una distancia abismal entre tú y la persona que se sienta a tu lado diariamente en el minibús de camino a un trabajo que necesitas para seguir viviendo así. Aquí. Dentro de la estadística.

Entonces la idea vuelve.

Nunca sabré el detonante específico para el final que ella escogió para su historia.

Solo sé que es abrumador y que estar delante del mundo entero te desnuda hasta el alma.

Solo sé que no puedo mirarle a la muerte a la cara.

Aún no.

Así que, me convenzo de que fue un mal día.

Al despertar mañana todo podría…

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Escrito por Valentina Gonzales Aramayo Huanca

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